jueves, 28 de mayo de 2009

En busca de Yuth.

A los 9 años, justo cuando iba a entrar a quinto de primaria, mis papás decidieron que lo mejor para sus hijos era mudarnos a Pachuca. Lo hicieron por que fueron víctimas de los medios (quién no) que en ése entonces anunciaban alarmantes niveles de contaminación en la Ciudad de México. Creo que fue la época en que nacieron los IMECAs. Mis papás pensaban que sus hijos merecían un entorno más limpio para poder crecer sanamente (too late, ya estábamos bien dañaditos mi hermana y yo), sin embargo a tan corta edad no opusimos resistencia. Recuerdo que me ponía un poco triste pensar que iba a dejar atrás a algunos amigos, pero también me entusiasmaba la idea de vivir algo nuevo. Sin más, empacamos nuestras cosas y nos fuimos a mudar a una casita bastante horrenda por el barrio de Cubitos en Pachuca. Nos dijeron que sería una casa provisional en lo que encontrábamos una mejor para vivir.

Bajo recomendación de una de mis malvadas tías (por que en serio son malvadas, algo así como Maléfica y Úrsula meets las madrastras de Cenicienta) nos inscribieron en el Colegio Columbia. Era una escuela privada cuya reputación (ahora caigo en cuenta) excedía por mucho la realidad. En mi salón éramos un total de once escuincles. Teníamos una maestra de español, una de inglés, un profesor de música (que nos hacía cantar cada clase canciones de Agustín Lara) y un profesor de educación física. En el Columbia, era prohibido -empero- PROHIBIDO llevar a la escuela comida chatarra: papas, chocolates, dulces, boings, brinquitos, miguelitos, etc. Sólo podías comer cosas nutritivas y hechas en casa, de lo contrario te suspendían. Mi mamá terminó odiando esa idea por que muchas mañanas para dormir otro ratito nos daba dinero con la indicación "Pa' que te compres algo en el recreo. Me regresas el cambio".

Existía en la escuela una especie de sistema de fichas que asemejaban el dinero. Una especie de moneditas de plástico con diferentes valores que iban desde la de 5 Columbiones hasta la de 1000. Cada que hacías bien la tarea, participabas en clase o simplemente te portabas bien, eras recompensado con un número específico de Columbiones. Tu ahorradito lo podías intercambiar por maravillosos premios como: Pasar Lista 100 C. Leer un Libro 200 C. Ayudar a calificar 300 C. y así sucesivamente se iba haciendo más ridícula y ñoña la lista. ¿Qué putas era eso? ¿El Infierno? No mames que me iba a portar bien una semana para poder ayudar a calificar a la maestra. A tan corta edad ya me urgían unas clasesitas de groserías para ir y rechingarles toda su madre a esa bola de pendejos hijoputas. Mi mamá nada más se reía, por que hasta ella reconocía que la escuela tenía un sistema bastante estúpido.

Era yo el popular del grupo por que venía de la Ciudad y supongo los demás veían en mí alguien más experimentado. (Aunque ahora que he tenido contacto con algunos de mis ex-compañeros de ése entonces me doy cuenta que estoy plenamente atrasado) Me caían todos bien (menos Rafa Gallegos, que era un presumido), pero de todos los cuates de la escuela, nadie pudo compararse jamás con el que se volvió mi mejor amigo en ése entonces. Era un niño que vivía un par de casas arriba que la mía. No iba en el Columbia, y pese a mi carácter de autista solitario y antisocial, se volvió mi amigo. Ya ni recuerdo cómo fue que nos empezamos a llevar. Quizás un día me lo encontré en la tiendita de la esquina y simplemente empezamos a platicar. A lo mejor fue un día andando en bici. Pero lo que sí sé es que nos llevamos super bien y nos identificamos muy cabrón. Los dos éramos fans de Mega Man. Él tenía el 2 y yo el 3 así que intercambiamos. Salíamos en las tardes a jugar con los otros niños de la cuadra mientras mi hermana salía con sus dos nuevas amigas que vivían en frente y tenían su casa llena de cucarachas. Mi amigo y yo nos la pasábamos juntos todas las tardes; se llamaba Yuth.

Algo de lo que sí me acuerdo perfecto es que cuando me dijo su nombre me reí. Me parecía gracioso y feo. Pero luego supuse que debía tratarse de algún nombre exótico de un país exótico por que Yuth tenía un acento exótico. Hablaba tipo Edel Juárez, arrastrando las erres, como si fuera francés (y eso que sus papás eran tan mexicanos como el nopal). En Pachuca siempre han existido árabes. Ahora que lo pienso, quizás Yuth tenía ascendencia árabe pero nunca se lo pregunté. A su mamá le desesperaba que jugáramos tanto tiempo y siempre me corría de su casa para que Yuth terminara su tarea de inglés (materia donde recuerdo era bastante malo). Mi mamá decía que éramos igualitos; tetos, callados, bastante geeks pero nobles como pocas cosas en la vida. Una de las cosas que más recuerdo de Yuth era un horrendo conjuntito azul que de vez en cuando se ponía. Parecía que se lo había bordado su mamá. Al parecer le tenía mucho aprecio hasta que un día parte del pantalón se le atoró en los pedales de la bicicleta y se le rompieron. Recuerdo perfecto su casa. La voz de su mamá. El barrio donde vivíamos.

Algún tiempo después, mis papás propusieron regresarnos a México (por que eso de vivir tan cerca de la abuela, las tías malvadas, los primos insoportables y la gente ñoña de Pachuca no era tan atractivo finalmente). Mi hermana y yo emocionados aceptamos la propuesta. No tardamos más de dos días en empacarlo todo de nuevo y esperar a que terminara el ciclo escolar para regresar de inmediato. Cuando partí no me despedí de Yuth. Ni siquiera le dije que me iba. Tenía miedo de que se enojara conmigo al decirle que me iba. El último recuerdo que tengo de él es aquel donde Yuth está parado en la entrada de su casa viéndome sin decir nada mientras yo me subo al coche para ya no volver.

Todo esto lo escribo por que hace dos días soñé con él. Han pasado 16 años (chales) y soñé con él. Le comenté a mi mamá del sueño que tuve y me dijo: "Seguro es por que se acordó de ti". Así que he decidio hacer algo. Voy a ir en busca de Yuth. Iré a su casa (o quizás la que era su casa) y explorar la posibilidad de encontrarlo de nuevo. Me da miedo. En 16 años todo puede pasar. No sé siquiera si esté vivo o muerto. Si se volvió un psicópata, se metió al ejército o si se fue a otro país. Tal vez ni siquiera me reconozca. No tengo idea. Pero propongo prometerme encontrarlo. Si lo logro, podré averiguar las tres cosas que más me intrigan sobre nuestra historia. ¿Seguirá arrastrando las erres? ¿Qué demonios fue de su conjuntito azul? Y por último la más importante: si todavía me recuerda.

El Misterio del Cielo.

Todavía me acuerdo del día en que descubrí el misterio del cielo. La vi con sus pies desnudos en aquella roca musgosa.

"¿Cómo te llamas?" -le pregunté-.
"Pampulrom..." -dijo-, y al instante jutó sus piernas y estiró los brazos hacia el suelo. Sus pies quedaron entonces suspendidos en el aire y comenzó a llorar parada de manos.

Nunca olvidaré la manera en que sus lágrimas desafiaron la gravedad para elevarse hasta el infinito cielo. Después de llorar de cabeza unos diez minutos, se incorporó y se fue caminando hasta que el horizonte no me dejó verla más.

Desde entonces hay estrellas.

martes, 26 de mayo de 2009

El que quiera Azul Celeste...



Gracias a Karina Manzur fue que pude entrar a corear con Angélica Vale desde el año pasado. Se conformó un equipo de trabajo bien chido. Aunque de vez en cuando existe rotación de personal, sucede únicamente por causas de suplencia. Es así que he cantado junto con amigas como Reneé Camacho y Alina Cardoso en el mismo show pero en diferentes fechas. La verdad es que me siento feliz de mi "hueso" (así se le dice al trabajo en la jerga musical... no me encanta pero bueno, así se le dice) por que anteriormente y exceptuando las coreadas en Azteca, entraba yo como coro "de aumento". Es decir, bajo ciertas fechas únicamente donde se requería un mayor número de cantantes pero no era corista de base. Así que cantando con la Vale obtuve hueso fijo. Y está chingón, por que no es un concierto como cualquier otro, es un show de imitaciones y siempre me divierte mucho. Canto rolas que van desde Mentiras hasta Macumba. Es muy gracioso y la gente siempre se la pasa bien.

Lo que más me gusta es que casi siempre viajamos para presentar el show, y el fin de semana pasado me tocó Cancún. Tenía aproximadamente 10 años de querer regresar a ese lugar. La última vez que había ido fue en el viaje de generación de la prepa. Guardé muchos recuerdos que a veces visito, pero uno de los que quería volver a vivir era el azul del mar de Cancún. Ese chingado azul; no hay otro en México como el de Cancún. Y su temperatura. Su arena blanca artificial (que le dicen). Ése azul sólo lo he visto ahí. Y regresar a él después de 10 años fue un sueño, aunque fuera por un día.

Me encanta viajar y me encantan los aviones, pero dice mi otorrino que por desgracia nací con una extraña condición en los conductos auditivos que se irritan con los cambios de presión, y por esta razón, en 8 de cada 10 vuelos sufro de dolores indescriptiblemente agudos en los oídos y en la cabeza cada vez que el avión empieza a descender. Una ocasión me quedé sordo dos días. Logré volver a escuchar cuando un bostezo gigante me reventó la sordera, acompañado de otro agudísimo dolor porsupuesto. Sin embargo, a pesar de este historial he seguido enamorado de los viajes. Es tanta mi emoción cada vez que voy a cualquier aeropuerto que casi siempre olvido que tengo una pésima suerte para los aviones. Además del casi siempre presente dolor de oídos, se me demoran los vuelos, se han incendiado turbinas en pleno Atlántico cuando voy justo al lado de ellas, se descomponen las alas, el avión queda atrapado dando vueltas en el aire por que hay mucho tráfico en tierra y no podemos aterrizar, el de al lado viene borracho y le vomitó a la azafata dejando un olor poco atractivo las 11 horas de vuelo o la de al lado tiene un terrible aliento y casualmente le encanta platicar.

Este viaje a Cancún del fin de semana pasado no pasó desapercibido tampoco en mi historial de tragedias de vuelo. Tenía llamado 6:30 am en el aeropuerto (crimen total, a esa hora no existo). Subimos al avión pero Aviacsa decidió esperar a 8 pasajeros que quién sabe dónde andaban. Luego de 30 minutos de espera, llegaron 8 extranjeros que andaban perdidos buscando la sala de abordaje. Cuando nos disponíamos a despegar (ya el avión en marcha) noto que tres azafatas empiezan a correr como locas hacia la parte trasera del avión. Una de ellas comenzó a gritar: "¡Por favor! ¡Un médico abordo! ¡Ayuda!" Posteriormente la misma petición se hizo pero a través de las bocinas del avión. La nave detuvo su despegue y regresó a la plataforma de desembarque. Estacionados de nuevo fuimos notificados de la próxima llegada del cuerpo médico y fuimos agradecidos por nuestra comprensión. Las cabezas de las filas delanteras (incluída la mía) volteábamos continuamente hacia atrás para ver qué había pasado. Una hora después, en una silla de ruedas, sacaron a una niña de unos 9 o 10 años con su mamá. Al parecer había tenido una serie de convulsiones o algo por el estilo. Me sentí mal por ella, pero admito que al mismo tiempo me sentí aliviado por que si mi lógica no fallaba, ya despegaríamos ahora sí. Pues error... el avión no podía despegar aún por que había que buscar las maletas de la señora y su niña epiléptica. 30 minutos más tarde pudimos emprender el vuelo, pero al momento de descender en el aeropuerto de Cancún sentí de nuevo ese dolor... ese puto jodido dolor.

Logré llegar después de tanta peripecia al azul que desde hacía 10 años extrañaba tanto. Dejé mi toalla y mi vaspapú en el primer camastro que encontré y corrí al mar. Ése mar ése mar. Con ése azul. Y todo valió la pena otra vez. Hasta la influenza, por que la playa estaba vacía. Sólo el mar y yo, con un montón de recuerdos, y un montón de azul que me va a durar por lo menos otros 10 años. Fue una verdadera odisea llegar, pero como dicen luego: el que quiera azul celeste, que le cueste.

viernes, 15 de mayo de 2009

Rúbrica.

En la casa de la palabra,
la boca y el oído se buscan,
como si fueran sexo opuesto.

Espiando el espacio
donde la música y la poesía
hacen el amor.

Empañando;
la silueta en el espejo.

jueves, 14 de mayo de 2009

La Luna a Cucharadas.

Creo que podría decir que mi verdadero inicio como compositor y cantante se dio en mi segundo año de secundaria. Tenía 12 años. A pesar de que mi primera composición oficial la hice para Sandra Rougon (la niña más bonita del salón para mí aunque me haya bateado cuando le llegué), podría decir que la primeritita rola que hice fue una co-autoría con ella y con Elenita Arauz. La canción se llamaba "Sobreviviremos" y la hicimos juntos para concursar en el más emocionante evento que realizaba mi escuela: El Festival de la Canción Cristiana. (Risas) ... (Muuuuchas risas) Bueno, como algunos sabrán, desde kinder hasta tercero de secundaria estuve inscrito en una escuela de monjas. No era precisamente cristiana, más bien era rete-católica apostólica y romana. Extrañamente, a pesar de haber abandonado la religión desde hace muchos años le guardo mucho cariño a esa escuela, (incluyendo obviamente a las monjitas a las cuales les hice pasar momentos muy desagradables con preguntas como: Madre, ¿me puede explicar cómo es eso de que Dios no tuvo principio ni tendrá fin? o, Madre, ¿si los hijos de Adán y Eva tuvieron hijos quiere decir que cometieron incesto?) No de a gratis terminé odiando la religión. Incluso acabé volteando de cabeza los crucifijos de todos los salones con tal de mostrar mi descontento.

Sin embargo, de regreso al Festival de la Canción Cristiana (risas otra vez), recuerdo que formamos un grupo para concursar que se llamaba "The Crew". Nos tomó un par de semanas decidirnos por el nombre. Tenía que ser algo espectacular. Aunque ahora que leo "The Crew" me parece bastante horrendo. En fin, cantamos en el Festival. ("Sobreviviremos (sobreviviremos) a esta década mortal, permanece fiel a tu libertad. Por que el Señor está contigo y siempre te ayudará...") Bueno bueno, hay que recordar que la canción debía ser estrictamente religiosa en contenido. Yo hubiera escrito otras cosas, pero las monjas no me lo iban a permitir.

Apenas había iniciado mis clases de guitarra con Joél (el profe de música de la escuela) y todavía no aprendía las artes de la digitación como para realizar una progresión musical de alta calidad. Quizá fue por eso que Betty Araiza y su grupito de niñas fresas nos ganaron el primer lugar. Nosotros sacamos el segundo. Supongo que quedé ansioso e insatisfecho, por lo cual un año después decidí (conociendo ya las maravillas musicales de Gonzalo Ceja y su música precolombina) armar un grupo con Mónica Hevia, Ricardo Olvera, Betty Araiza, Luis Nava y Elenita Arauz. Nuestra banda se llamaría Luna Córnea, título que designamos mi en ése entonces mejor amiga inseparable Sara Barrera y yo. Nos causó un poco de frustración descubrir que nuestro magnífico título que nos parecía tan original era igual al de una revista de fotografía que en ése entonces vendían en los Sanborns y una que otra librería.

Superamos el trauma de la falta de originalidad y continuamos con la aventura de Luna Córnea. Yo tocaba la batería, mientras que Mónica tocaba las percusiones, Ricardo, Luis y Elena las guitarras y Betty era la solista vocal. Ensayábamos en mi casa y como mis papás nunca estaban podíamos hacer todo el escándalo posible durante las tardes. Logramos armar un repertorio de unas 12 canciones, dentro de las cuales estaba una que recuerdo de manera muy particular; "La Luna a cucharadas". La hicimos inspirados obviamente en el poema de Sabines. Decidí entonces que era momento de dar el paso siguiente: presentarnos en vivo. Fue poco después de graduarnos de secundaria. Hablé con mis adoradas monjitas y utilizamos la escuela para hacer el toquín. Fue justo el 14 de Noviembre de 1997. Soy malísimo para las fechas, pero de esa me voy a acordar siempre. Fue la primera vez que sentí la vibración de la música en vivo interpretando junto con la audiencia. Palmas, aplausos, gritos. Fue toda una revelación de vida, una epifanía. Supongo que la fuerza generada en aquella ocasión me marcó para siempre.

Meses después del toquín nuestro grupo se desintegró. Cada quién tomó su rumbo y dejé de ver a Elenita. A Luis que me parece que se volvió darketo. A Ricardo que se fue a vivir a Alemania o a Suecia o a Dinamarca. Betty que se casó pero siguió cantando. Y Mónica... a ella la voy a ver mañana en la noche. Voy a cenar en su casa y celebraré que de alguna manera nunca se fue de mi vida. Durante todos estos años ha estado a mi lado y es de las amistades más antiguas que conservo. Sí. Mañana en la noche que la vea le voy a dar un abrazo abrazo y le voy a cantar nuestra luna a cucharadas. Digo, pa' recordar viejos tiempos.

lunes, 11 de mayo de 2009

De nuevo el Limón a la Herida.


Y que nos regresan a la tabla. Ya era hora coño. Yo sé que como buenos ciudadanos que intentamos ser (con un mínimo grado de neurona cívica) tenemos que responder a las medidas precautorias del gobierno y la Secretaría de Salud por tanto el cierre del teatro, pero ya es justo y necesario volver a cantar "Buenas noches bienvenidos esta es la primera, lla-ma-da". Con eso de que Silvia Pinal, Tina Galindo, Morris Gilbert y otros productores teatrales hicieron un impetuoso llamado a José Ángel Córdova, tal vez podamos empezar a reabrir los espacios teatrales de manera natural y habitual. No estoy bien enterado si Bruno Bichir estuvo en dicha audiencia, pero ojalá y así haya sido por que el Foro Shakespeare me parece un espacio artístico contemporáneo importante para la Ciudad en estos tiempos. No sólo mantiene una cartelera teatral diversa (casi como un cine), sino que los talleres que se imparten son de calidad y renombre. (De ahí que fui alumno de mi adorado Manuel Teil) Pero en fin, no es motivo de este post hacerle publicidad al Foro, sino a la obra de los Malpica que tanto amo: Crisis Modelo para Armar.

Hemos tenido un público bien agradecido. Abierto y con ganas de recordar. De atacar la desmemoria mexicana condimentada con el buen sazón irónico y ácido que nos caracteriza como país. Casi como echándole limón a la herida, para después darle un buen llegue al tequila. Después de casi un mes de ausencia, nos encontraremos los "Crisis" regresando este domingo 17 de Mayo a tratar de compartir con la audiencia algo que nos pasó a todos y que nos sigue pasando. Algo que si bien de primer momento nos hace soltar la tremenda carcajada, después nos conducirá a la irremediable reflexión de que como país estamos de la chingada.

No me considero nacionalista, pero ah cómo adoro México. Con su influenza, su gente paranoica, sus diversas crisis, su gente, su sabor. Esta obra que presento me lo reitera a cada función. Cada que escucho las risas de la gente con textos de la obra siento que nos une la tragedia. Pero eso no es lo chido. Lo chido es saber que la vivimos juntos, y que en el país de no pasa nada, pasa todo. Todo lo que no puede pasar aquí pasa. Y mi dark side, mi lado sarcástico y más negro lo celebra de alguna manera.

Quizá por eso no cambiamos, por que de alguna manera nuestra parte tanatológica nos conquista, y paradójicamente, encontramos el placer.

viernes, 8 de mayo de 2009

Bernardo y yo.

He tenido el gran privilegio y la gran fortuna de haber contado (y seguir contando) con maestros excepcionales. A todos los que han sido parte de mi formación artística les debo un gran respeto y un agradecimiento profundo, único y honesto. El ser artista es más que ser creador, es encontrar la integridad como persona, como ser. Y es gracias a las buenas, malas, excelentes o terribles enseñanzas de estos maestros que soy lo que soy ahora. Mi intención es seguir creciendo y por tanto tener más de estos guías de luz que puedan formarme, pero si retomo el Valdemar del presente, puedo decir que he sido enormemente afortunado.

El día de hoy me topé en Facebook con uno de los grandes de los que hablo. Y si fuera en sus palabras, podría decir que tuve un verdadero joie de vivre al ver su rostro; saber que seguía vivo, que estaba bien. Su minuciosa personalidad me confrontó en cada ocasión posible. Me cuestionó y ejerció presión como nadie ha podido y/o sabido hacerlo. Me retó como un tremendo toro que ve en el rojo a la más frágil carnada. Y gracias a toda su intensidad fue que me convirtió en un verdadero ejecutante escénico.

Bernardo Rubinstein: quien me introdujo a Baraka y The Ball. Quien marcó mi vida con El Laberinto de Babel. Quien hizo que Roberto Blandón dejara la bebida (al menos un fin de semana) y tomara la Antología de Borges en su lugar. Quien me enseñó lo que es un grito de vida, un grito de auxilio, y por encima de todas las cosas, a comprender que es verdad que el diablo vive en los detalles.

Recuerdo el día en que se despidió de mí. Estábamos en el teatro del Tec. Habíamos culminado el último ensayo que tendríamos con él, y después de explicar las razones por las cuales tenía que irse, caminó hacia la puerta de salida. Algo lo detuvo. Se paró en seco y volvió la vista hacia el escenario. De su boca se escaparon dos palabras que sonaron más a un suspiro: -El teatro...-, dijo. Emprendió de nuevo su salida pero ahora fui yo quien lo detuvo. Desde el escenario le grité las últimas palabras de Para una Versión del I King que tanto trabajo le costó enseñarme: -Bernardo, no te rindas. La ergástula es oscura. La firme trama es de incesante hierro, pero en algún recodo de su encierro puede haber un descuido, una hendidura. El camino es fatal como la flecha, pero en las grietas está Dios, que acecha-. Bernardo entonces se volteó con lágrimas en los ojos y me dijo lo que serían sus últimas palabras para mí en ése entonces: -Arturo, no sabes lo que acabas de hacer hoy por mí-. Soltó una leve sonrisa y desde entonces no lo he vuelto a ver.

Espero que ése no haya sido el final de mi historia con Bernardo. Buscar el reencuentro se volvió mi decisión. No pretendo volver a ser su alumno. Lo único que quiero es reiterar la idea de que está de maravilla. Que sigue siendo ese difícil y complejo pain in the ass que siempre fue, que sigue siendo un intenso, que no ha dejado de vivir el arte pero sobre todo, que todavía me recuerda.


jueves, 7 de mayo de 2009

Musas a Domicilio.

A veces, cuando me han preguntado de dónde vienen o nacen las canciones, me he encontrado con una particular dificultad en contestar. No es que de plano no sepa, pero generalmente se piensa (y con justa razón) que las rolas vienen de vivencias, momentos o cosas que tuvimos con alguien. Cosas que le quisiéramos decir al o la peor es nada. Mensajes terrestres, cotidianos. De alguna manera todo eso tiene su parte cierta. Sin embargo, debo admitir que muchas canciones que he escrito me han salido de quién sabe dónde. Bueno, por lo menos eso es lo que yo contestaba a menudo. Hasta que desde hace poco tiempo, no sé si por decisión propia o no, me dí a la tarea de responder que en realidad son una especie de mensajes divinos.

Yo digo que el talento te lo prestan de allá arriba. Un orden divino te lo adjudica para realizar ciertas tareas y después volverse esa luz al todo que somos en el inicio. Mis amigos iluminatti podrán decirme que quizás no sea enteramente así y que me equivoco al no entender la totalidad del asunto espiritual. Sin embargo para mí es útil y lógico pensar que sólo soy un conducto por el cual de allá arriba me dictan ciertos mensajes, notas, versos y coros. Yo sólo los pego. Como si fueran un rompecabezas. Las canciones me las susurran las musas transparentes que viven al mismo tiempo y espacio que yo pero en otro plano. (Eso de referirme a "allá arriba" es para dar la idea. No lo digo de manera literal.)

Estas musas o voces divinas, que me dictan como si fuera secretario, muchas veces no encuentran momentos idóneos para mí. Me sorprenden en el coche cuando me peleo con los microbuses, o cuando estoy en el baño, o comiendo o discutiendo con mi mamá o en alguna reunión. El único remedio que me queda es tomar el celular deprisa y grabar lo que pueda cachar del susurro. La mayoría de las veces me funciona, para que en algún momento más tranquilo pueda escuchar el dictado y entonces trabajar en la idea. Pero también pasa que escucho puros "tu tu tuuus" o "la la laaas" que en el momento de grabar me parecían tan claros y magníficos y después de escucharlos más tarde no logro encontrarles sentido alguno, ni pies ni cabeza.

Me frustra que a veces creo que las musas divinas me abandonan. Me dejan solo y paso largo tiempo sin ideas nuevas. Me frustra por que si pienso en Ani Difranco (mi diosa, ídola, maestra e inspiración musical) y hago cuentas... chale. La señora saca mínimo dos discos inéditos al año. Yo me tardé en armar mi InSitu dos! Chiales chiaaales chiales. Quizás expiró mi suscripción a Musas a Domicilio y es tiempo de invertir en el espíritu de nuevo.

martes, 5 de mayo de 2009

Grandes Amigos.

No sé si es la nostalgia (o la edad como dirían las señoras cuarentonas) pero creo que últimamente menciono mucho mis años de estudiante. No es que ya no lo sea, en cuanto la cartera me lo permita seguiré tomando mis clases de cine, pero me refiero a Comunicación. (La carrera que estudié para que no me corrieran de mi casa mientras lograba convencer a mi familia que me dedicaría a las artes.) Mi primer día de clases como universitario fue un jueves. Mi primera clase sería Política Internacional. Materia que me presentaría las torres gemelas en plena destrucción y a quien sería una de mis mejores amigas de la escuela: Lucía Murguía.

Desde el primer momento que la ví me compró completito. Llegó con su coleta perfectamente engomada (qué eshpañol, coña tío). Un outfit sumamente formal y fresa. Maquillaje discreto pero perfectamente simétrico y combinado. Uñas pintadas como si fueran al óleo y eso sí, una estatura enorme ayudada de por sí de unas botas altas, muy altas. La ví y pensé que sería mamona, de esas niñas fresas que no merecen que las veas sin pedirles permiso, pero en cuanto se sentó al lado de Dante (el malafacha del salón) y éste le platicaba y tomaba su cuaderno rosita con flores y le pintaba monitos grotescos y vulgares y ella reía como si estuviera en una fiesta sin reparar en ningún otro de los presentes, me compró, completito.

Tiempo después nos haríamos muy buenos amigos, y nos pasábamos las preguntas de los exámenes. Yo distraería a la maestra mientras ella sacaba el cuaderno y lo pondría en sus piernas para después disimuladamente bostezar y mirar hacia abajo. (La maestra cuyo nombre recuerdo, Genoveva, no sería difícil de vencer. Medía literal un metro de estatura.) Lucy y yo llevábamos cada martes y jueves cosas "masacotudas chocolatosas" como ella las llamaba (pingüinos, choco-roles, brownies, etc.) para compartirlas durante clase. Supongo que hicimos química tan bien que terminamos metiendo todas las materias que pudimos juntos, y así fue hasta el final de nuestras carreras.

Una de las materias que llevamos fue Lenguaje Audiovisual, y como primer proyecto tuvimos que hacer un cortometraje silente. Hicimos algunos otros posteriormente pero ninguno como éste. Dotado totalmente de nuestra ingenuidad y torpe sentido del humor. Pero aquí está. Lo dejo aquí posteado en La Silueta para que lo vean y ojalá, lo vea ella también. Así te recuerdo siempre mi Gumer. Con tus caras en farsa, con tu risa y tu humor que me inspiran bailar. Sí, literalmente bailar.

El día que Valentina crezca y entre a la universidad, en su primer día de clases se topará con un chaparrito uni-ceja que le compartirá de sus choco-roles. Se volverán grandes, grandes amigos.


domingo, 3 de mayo de 2009

Las Cosas de Andrea.

Hay cosas que ni con la ausencia o la distancia se borran. Como tatuajes que hacemos para no olvidar. Momentos que de manera fotográfica decidimos guardar para mirar y mirar y volver a mirar. Haciéndole caso al 'recordar es vivir' es que recuerdo diario a Andrea. Mi grande y pequeña Andrea. Mi Laura lista Currello cachibache. Mi Artemisa pimpando momentos. Recuerdo sus cosas; los árboles mojándose en la lluvia con olor a café y tierra mojada. Asunción y el mar que la guardaba. Las risas, las canciones y las notas desafinadas. Su ritual para dormir. Las olas ficticias del mar aquejando mis ondas alfa. Su olor al recibir la mañana. La manera de enseñarme a ser más fuerte. De nunca conformarme con objetivos simples. Entender que tenía razón cuando el estado mental y el sufrimiento son una decisión. Sus pies en la arena y su cabello bailando con el viento al compás del encaje de las olas. Sus reseteos. La Condesa y el Parque México al cual le falta su olor. Las experiencias inesperadas y su sentido aventurero. Mi coche a 160 km/h y los federales que cayeron bajo su encanto. La silueta que dejaba en su silla frente a la computadora, y que permanecía aún cuando ya se había ido a dormir. Los relatos detallados de sexo. Su comfort y abrazo. Los bailes aborígenes alrededor de la mesa de la sala. El bulldog que convivía con mi cochina. El árbol de sus manos dándome frutos todos los días. Su compañía en mi cabeza. Su compañía en mi voz. Los relatos de su pueblo y el cielo lleno de estrellas. Nombrar el género de la música lésbica. Imaginar que un buen día sería su cuñado. Aprender que la honestidad es hermosa. Lograr apreciar aún más mi trabajo cuando me decía que era un chingón y no debía rebajarme nunca. Su manera de mirarme. Ponerle soundtrack a mi vida.

Sí... eso es quizás lo que más agradezco y guardo. Le pusiste soundtrack a mi vida. Con tu voz. Con tu risa. Con tus cosas. Tus cosas de Andrea.


viernes, 1 de mayo de 2009

La Gente es su Lenguaje.

Uno de los mejores maestros que tuve en la licenciatura fue Salvador Guerrero. Doctor en Teoría Política por parte de la Universidad de Essex y acreedor al Premio Nacional de Periodismo 1997 de manos del mismísimo Zedillo. (Mismísimo... como si me pareciera relevante el señor ex-presidente) Salvador me impartió dos materias, las cuales a pesar del complejo contenido al cual me mantuve poco interesado, disfruté profundamente. Su clase me parecía de verdad un privilegio sobre todo al darme cuenta (cada vez que Salvador abría la boca) de mi gran ignorancia. Salvador habría de darme un buen día, una frase que me acompañará toda la vida: La gente es su lenguaje.

Desde entonces vivo con esa idea, y aunque mi manía por la ortografía y las palabras bien dichas se incrementó, me ha enseñado que se aprende más escuchando hablar a los demás que viendo. Aunque muchos en su intento de conocerce los unos a los otros presten más atención a cosas como el lenguaje no verbal, pienso que el lenguaje verbal está severamente subestimado. Eres como hablas, para decirlo de manera más coloquial.

En esta disciplina quizás me he vuelto más quisquilloso. A menudo me sorprendo apretando los dientes o los puños (no por ser violento) cuando escucho ciertas frases o palabras que me parecen no terribles; abominables. Pero luego relajo y suelto a reír. Me parece graciosa mi intolerancia y supongo que he dicho cosas igualmente abominables. Cuando me he quejado, me han dicho "Ay Arturo, son modismos. Relájate." Pero si me relajo no es tan divertido. Aunque de primera instancia el sonido me parezca tan terrible como el de un gis chillando en el pizarrón, me río después del picky mamón que llevo dentro.

Expongo ejemplos de estas frases a continuación:

1. Cuando le mandas saludos a alguien y te constestan "Claro, de tu parte". ¿Pues de parte de quién va a ser? Obvio que de mi parte. Duh!
2. Cuando una mujer está embarazada y preguntan "¿Y para cuándo se alivia?" No sabía que tener un hijo era una enfermedad.
3. Cuando alguien se refiere a su pareja como "marido" o "esposa" sin estar realmente casados. "Fíjate que mi marido me dijo el otro día..." ¿Cuándo fue la boda que no me invitaste? Ogete!
4. Cuando las conversaciones se tornan teológicas si me dicen por ejemplo: "Mañana me voy de viaje, primero Dios" o "Primero Dios todo va a salir bien". Todavía el "Dios mediante" (para aquello de los religiosos) lo puedo soportar, pero ¿el primero Dios?
5. Cuando de manera anecdotaria me cuentan cosas como: "Y que agarra y que me dice..." ¿Qué agarró? ¿Valor o algún objeto en particular?
6. Cuando dicen "en base a lo establecido", "en base en lo que acordamos". Se dice "con base en". En base está mal, mal mal mal.
7. Cuando dicen "Status quo". Que no es "statuS" sino "statu". Aunque se lea y escuche raro chinga!
8. La jerga de la autoridad en cualquiera de sus formas. "Se va a proceder a..." "Lo que se procede es lo siguiente..." "Incurrió en faltas que acometió de manera directamente hacia su persona de él".
9. Cuando refiriéndose a una canción o composición musical digan: "Qué bonita está esa pieza" o "Ponle a tu tía la melodía de Alberto Vázquez que tanto le gusta". (De por sí Alberto Vázquez es una mentada de madre, ahora júntalo con "pieza" o "melodía").
10. Por último, los eufemismos pendejos (que no es lo mismo que los eufemismos), como "popó", "popitas", "hacer chis", "me toqué el pilín", "se me salió un pun" y/o "hicieron el chaca-chaca". Me dan tanta ansia que mejor utilizo difemismos. "Cagar", "Mear", "Me agarré el pito", "Me tiré un pedo" y "Cogimos, parchamos, aplastamos al gato, nos gratinamos el mollete o echamos pata". ¿No se escucha más bonito?

Por que nuestro lenguaje nos antecede, nos presenta, introduce y conecta con nuestro ser social, querámoslo y hagámoslo mejor persona. No invito a que nos volvamos literatos, sólo a dejar descansar un poco el Libro Vaquero que todos llevamos dentro.