domingo, 12 de octubre de 2014

Zapatero a tus zapatos.


Yo sé yo sé. Es fácil criticar el desfile cuando se está sentado pero es que hay cosas que de plano ni cómo callarse. Acabo de regresar de ver el ensayo general (previo) de Los Locos Addams en el Teatro Insurgentes. La verdad es que en términos generales, la obra está muy bien montada. La producción es muy bonita (telares, escenografía, vestuario). Las ejecuciones escénicas del 90% del elenco son muy buenas tanto vocal como actoralmente. Este musical en sí no me pareció muy original que digamos. Si bien Los Addams son bastante peculiares, el musical basado en ellos tiene cosas muy comunes y ya vistas en otras puestas. La música es una mezcla de Sex and the City  con The Producers con tango agringado y las canciones solistas nada sorprendentes. Homero, líder de la familia, está escrito o estructurado muy a lo “Tevye” de Violinista en el Tejado. Con las mismas introspecciones y soliloquios cantados o hablados mientras todo lo demás se encuentra en freeze. El dilema de aceptar o no el amor que tiene Merlina (su hija) con su novio Tomás Beineken atentando contra la tradición familiar. Ya lo hemos visto antes. De cualquier modo, la pasé bien y la obra es bastante entretenida. Tropicalizada y bien adaptada a un público mexicano lejano al concepto de la Familia Addams. Concepto que es muy familiar en el humor gringo. Sin embargo, (aquí voy) me quedé una vez más muy molesto por volver a comprobar que en el teatro musical mexicano lo que más importa es la fama, no el talento. Por desgracia.

Que alguien me explique a quién fregados se le ocurrió castear a Jesús Ochoa como Homero Addams. QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE. Es uno de los miscasts más cabrones que he visto en mi vida. No solo su perfil físico no tiene NADA QUE VER con Homero Addams, sino que además (como casi siempre ocurre con los protagonistas de teatro musical mexicano) el señor no canta ni por equivocación. Jesús Ochoa sí interpreta a Homero, pero a Homero Simpson. Homero Addams es un señor de profunda clase, engomado, arreglado de pies a cabeza, DELGADO, seductor. Aquí vemos a Chuchito Ochoa; cagado, chistosito, feo, desaliñado (a pesar de llevar un vestuario muy bien hecho) y sobre todo desafinado hasta las chanclas. ¿Por qué contratar a un actor que NO CANTA para protagonizar un MUSICAL? ¿La respuesta? Por la fama.

Es innegable la impresionante trayectoria del Sr. Ochoa. Es innegable e indiscutible su talento como actor. Pero no es cantante. No es cantante no es cantante no es cantante. Joder. Ya estoy harto de escuchar comentarios del público diciendo cosas como: “fulanito no canta pero qué bárbaro, cómo actúa” o “sultanita no actúa tan chido, pero canta que te cagas”. Si estamos hablando de teatro musical, se debe contratar ejecutantes escénicos que sean capaces de al menos realizar las dos disciplinas, el canto y la actuación. (Y digo “al menos” porque la danza también debería venir incluida pero yo todavía perdono un poquito más eso.) Si el ejecutante escénico no cumple con alguna de las dos, entonces NO ES ADECUADO PARA HACER TEATRO MUSICAL. Por eso es que hacer teatro musical es lo más cabrón. Es más difícil (a mi parecer) que hacer cine, tele, radio o cualquier otra cosa porque es un género donde se conjugan las tres disciplinas al mismo tiempo, y pa’ acabarla de amolar, en vivo. (Sin coros grabados ni pistas, ¿me están leyendo “Vaselinos”?) Por lo tanto, la gente que conforma el elenco de cualquier obra de teatro musical tiene  que cantar y actuar al mismo nivel de bien. Nada de que “canto mejor de lo que actúo” o viceversa. Las dos al mismo nivel de bien. LAS DOS.

Si se contrata a alguien que actúa pero no canta o que canta pero no actúa para hacer teatro musical es equivalente a contratar un diseñador gráfico para hacer una cirugía abdominal o contratar a un futbolista para construir un cohete espacial. Lo que quiero decir con todo esto es ZAPATERO A TUS ZAPATOS. El que seas actor o que seas cantante no significa que puedas hacer teatro musical si no sabes cantar bien Y actuar bien Y al mismo tiempo. Como resultado de estos miscasts, el ejecutante escénico queda expuesto y vulnerable a este tipo de opiniones.

Hacer teatro musical es lo más cabrón, repito. Por eso no lo puede hacer cualquier persona. Por eso uno va a Broadway y se queda pendejo viendo a la gente en escena. Porque allá (sin caer en malinchismos) se tienen muy claros los requerimientos para hacerlo. Y me molesta muchísimo escuchar comentarios como: “Bueeeno, pero es Broadway. Eso es otra cosa”, porque aquí en México SÍ EXISTE TALENTO a la altura de Broadway o de cualquier otra parte del mundo. Lo que no se tiene es la cultura del talento. Se tiene la cultura de la fama (bien o no lograda), pero fama al final de cuentas.

Vayan a ver Los Locos Addams. Se van a divertir muchísimo. Susana Zabaleta, Gloria Aura, Luja Duhart, Gerardo González, Raquel Pankowsky, todos están muy pero muy bien. Excepto Jesús Ochoa. No porque sea mal actor, empero, sino porque NO ES CANTANTE y estamos hablando de un MUSICAL. Le deseo profundamente a la compañía de Locos Addams una exitosísima, bella y larga temporada. Hay mucho esfuerzo y trabajo de por medio y se ve claramente reflejado. Porque hacer teatro es de valientes, y hacer teatro musical, de locos. (De los buenos, obviamente.)


viernes, 23 de mayo de 2014

Crítica de Las Cuatro.


Dicen que en boca cerrada no entran moscas, pero bueno. Eso es algo que nunca he podido hacer. El pedo es que la gente se toma las cosas de manera muy personal cuando la mayoría de las ocasiones la cosa no va por ahí, pero en fin. El día de ayer fui con mis amigos a MicroTeatro. Ubicado en la calle de Roble no. 3, en plena colonia Santa María la Ribera, está la casa o espacio donde se desarrollan alrededor de 12 obras a la carta, con una duración de 15 minutos cada una. Representadas en espacios muy pequeños que van desde recámaras hasta baños. Los espectadores seleccionan el número de obras que quieren ver, el orden en el que quieren verlas y el horario. (Se dan funciones cada 15 minutos).

Por fin después de muchos meses pude ir a MicroTeatro. Tenía muchas ganas pero la verdad no había encontrado el tiempo para hacerlo. Fue una muy buena idea, y más, ir acompañado por grandes y entrañables amigos. Además, teníamos muy buen pretexto: uno de nuestros amigos participaba en una de las obras. Es todavía reciente el concepto de MicroTeatro en México. Hay quien equivocadamente considera que es un concepto mexicano, pero esto no es así. Es un concepto español. El MicroTeatro nació en la ciudad de Madrid, en un lugar que acostumbraba ser un burdel de nombre “La Casa de la Luz Roja”. Un curioso llamado Miguel Alcantud deambuló por este lugar y la idea nació en su cabeza; reunió un grupo de escritores y directores y les pidió contar historias cortas, poco comunes, que pudieran desarrollarse en espacios pequeños. Todos bajo una temática: por dinero. ¿Por qué? Pues porque aquel burdel ubicado en plena zona roja de la ciudad, era el lugar de sexoservicio más famoso de todo Madrid. En un intento de crítica social, “Por Dinero” se convirtió en la primer temática de MicroTeatro. (Tema que ya realizaron en México, por cierto). Posteriormente, el concepto de MicroTeatro llegó a otras ciudades españolas, cruzó el atlántico y llegó a Estados Unidos. Específicamente a Miami. Fue tiempo después que llegó a tierras mexicanas. (Qué digo mexicanas, ¡defeñas!)

Amo el concepto y amo que se haya traído a México. Me gusta tanto que quisiera algún día formar parte de alguna obra de MicroTeatro México. Sin embargo, como buen actor, terminando mi visita del día de ayer no pude evitar hacer una profunda reflexión sobre todo lo que vi y por ese motivo decidí escribir estas líneas para concretar mi crítica. Ojo, no soy crítico profesional, pero sé de lo que hablo cuando se trata de actuación. Créanme.

Vimos cuatro obras el día de ayer. La primera titulada: “Como si despedirse fuera sólo decir adiós” (sic), cuenta con una escenografía y ambientación muy pero muy buenos. La recámara de un departamento donde viven dos roomies, las camas ubicadas de manera vertical contra la pared. Un banco, una mesa y sobre ella, una computadora. Dos actores. Uno de ellos, mi amigo. (No voy a mencionar ningún nombre porque ya me ha pasado que la gente se googlea a sí misma, y se encuentran mencionados en La Silueta. Sí, así de inverosímil, pero me ha pasado.  De modo que para intentar no herir susceptibilidades, no voy a mencionar ningún nombre.) El trabajo de mi amigo es muy bueno. Siempre lo he admirado mucho como actor. Aunque entiendo que quizás el sesgo amistoso no me permita ser objetivo, así que omitiré una crítica para él. Total, lo que le tenía que decir respecto a su trabajo ya se lo dije. El otro actor, tendrá unos veintitantos. Verde, sin ritmo. Poca habilidad para realizar transiciones. Con un torpe manejo del espacio. Pero eso sí, con muchas ganas. Podía leer en sus ojos el amor hacia esta profesión, y eso para mí, siempre será lo más importante. Yo creo que algún día logrará ser buen actor, pero le falta técnica, entrenamiento y sobre todo, experiencia. El texto de la obra es muy malo. Una historia poco original y además muy mal contada (no por los actores si no por el autor). Menudo obstáculo para los dos intérpretes. Lucharon contra las dificultades del texto todo el tiempo para sacar sus personajes a flote. No recuerdo el nombre del escritor, pero dudo mucho de su experiencia como dramaturgo.

La segunda obra que vimos fue “Volverás”.  Al entrar a la recámara donde se desarrolla, encontramos la proyección de una especie de cortometraje protagonizado por Edith González y Alberto Estrella. No entendí ni un carajo sobre el corto. Ambos actuando en un tono melodramático telenovelesco de los ochenta, horrendo. Cuando terminó el corto (que por cierto, nos comentaron que lo hicieron específicamente para esta obra),  el proyector se apaga y comienza la historia. Dos actores, ambos en sus aparentes treintaytantos. Actuaciones cumplidoras, competentes, pero lejos de ser sorprendentes. Una buena historia, bien contada, te engancha. La ambientación muy buena, escenografía muy acorde con los personajes y la historia también. Algunos comentaron que la historia les pareció predecible pero a mí no me lo pareció tanto. Me gustó mucho. Sin embargo, sí me hizo falta mucha más profundidad en la interpretación de los actores. De cualquier modo como dije anteriormente: cumplieron. Salimos entusiasmados de esta segunda puesta.

Nos dirigimos a la tercera. Ésta de nombre “Sinfonía de un recuerdo en el ropero”. Jesús Cristo vencedor y redentor… la historia más ridícula que he conocido en mi vida. Ridícula, inverosímil, estúpida, sin sentido. Preocupante. En efecto, preocupante que una historia así ocupe un lugar en MicroTeatro México. Se supone que existe un comité seleccionador de las obras a representar cada temporada. Se hace una convocatoria abierta y cualquiera que tenga una historia que contar (y que cumpla con los lineamientos, temática, duración, entre otros), puede ingresarla a una especie de “concurso”. Éste comité decide cuáles serán las obras ganadoras y por consiguiente, las que se realizarán. Yo me pregunto, ¿estarían drogados los seleccionadores cuando decidieron ingresar esta obra a la temporada? ¿Les habrán pagado una gran cantidad de dinero? ¿Le habrán hecho el favorcito a algún amigo? ¿O de plano están muy pendejos? Es una pena, porque conozco gente talentosísima con la pluma, que ha intentado ingresar a MicroTeatro y ha sido rechazada. Y cuando veo este tipo de obras no puedo creer el por qué. Infame. En fin, retomando. Tres actores, dos hombres en sus veintes-treintas y una mujer que interpreta un hada madrina. Conozco el trabajo de ambos actores masculinos con anterioridad y son muy buenos. Uno de ellos lo hizo muy bien en la obra, pero el otro me sorprendió porque ya lo he visto antes en otros proyectos y siempre me ha gustado su trabajo. Aquí, fue bastante mediocre. Recursos melodramáticos muy básicos, superficiales. Un manejo torpe del cuerpo, dicción pobre. No sé, quizás fue simplemente una mala función para él. (A todos nos ha pasado y nos seguirá pasando.) Ella muy carismática y con buena voz, pero poca estadía escénica. Poco peso escénico. Problemas con el texto, parecía que se lo había aprendido apenas un día antes. Interpretando al personaje muy por encima, no sé. Casi podría decir que ella misma se daba cuenta de lo malo de la historia y le costaba trabajo encarnar el personaje. Me dejó la sensación de que como persona ha de ser encantadora, pero como actriz no sé, no me gustó mucho que digamos. La obra comienza en un tono de franca comedia y de la nada, en un parpadeo, se torna en un melodrama tipo "Lo que callamos las mujeres". (Y miren que ahí trabajo a menudo, pero por lo menos ahí, ni el género dramático ni el tono cambian.) ¿Les cae? La ambientación buena, pero la de las obras anteriores fue muy superior. Hecha como al chingadazo, con poca atención en los detalles. Salimos bastante disgustados. Fue ahí cuando la noche parecía tornarse larga y tediosa. Y emprendimos el camino hacia la cuarta y última que vimos.

“Milenka” es el título de esta última. Una chava muy amable nos repartió una especie de programas de mano o postales antes de entrar (cosa que en ninguna otra obra ocurrió). Después de repartirnos los programas, nos hizo una aclaración y dijo (parafraseando lo más fielmente posible): “La obra que están a punto de ver fue escrita por una niña de tan solo 17 años, y con esto debuta como una gran dramaturga. Esperemos que les guste.” Le agradecí la aclaración, pero no me pareció buena idea. Me pareció incorrecto y fuera de lugar porque entonces consciente o inconscientemente nos condicionó a reconocer el hecho de que la obra fue escrita por alguien de "tan solo" 17 años y por consiguiente, viéramos lo que viéramos, era de aplaudirse. Es decir, no me dejó libre el hecho de decidir si la obra me gustaría o no. Perdón, pero a los 17 ya no se es una niña, ya la “niña” alcanza el timbre. A esa edad, mucha gente ya logró grandes cosas. No es por quitarle mérito a la “niña”, pero creo que debemos mantener los pies en la tierra. Padrísimo el hecho de que ya tenga una micro-obra puesta en escena a su edad, pero eso no es sinónimo de ser una genio o una gran iluminada. Tampoco exageremos.

La ambientación de esta obra fue mi favorita. Excelentemente bien hecha. Un espacio muy pequeño, íntimo. En realidad una especie de baño. Un vestido negro colgando del techo, un espejo rectangular y un mueble con un par de cajones. El piso lleno de trozos de carbón. Una actriz, supongo andará en sus veintitantos. Quizás le pegue ya a los treinta. Cuenta la vida de una marioneta. Desde su concepción, su época de mayor apogeo y éxito hasta el olvido de su dueño del cual es víctima. Ya saben, la muñeca abandonada. Desterrada por el paso de los años. El lenguaje del texto fue bueno, pero la historia poco creativa. Ya nos la han contado antes, en múltiples versiones. (Desde Cri-cri hasta Toy Story  pasando por The Brave Little Toaster ). 

La actriz hizo algo que me molesta muchísimo, pero muchísimo en los actores. (Y me molesta muchísimo porque algún día yo lo hice, cuando apenas estaba aprendiendo actuación). Comienza a hablar en voz baja, tenue hasta terminar la línea y quedar en silencio. Hace una pausa dramática de un minuto o más (que en teatro es demasiado tiempo) y de la nada emite el siguiente texto pero casi a grito pelado viendo a algún espectador directamente a los ojos. De nuevo, silencio. Palabras pausadas y con poco volumen. Y de pronto otra vez el gritote y el azotón del mueble que pone contra la pared mientras se le queda viendo a otro espectador, de nuevo, directamente a los ojos. Eso, señoras y señores, es horrible. Es un recurso baratísimo, superficial y poco útil para hacer creer que la actuación está siendo muy intensa, profunda y buena. Como para que la gente salga diciendo: “¡Wow con la chava! Qué bárbara, qué buena actriz. ¡Qué fuerza!” NO SEÑORAS Y SEÑORES, NO. Eso es asqueroso. Cualquiera puede gritar, cualquiera puede mirarte a los ojos directamente y empezar a susurrar y volverte a gritar de la nada. CUAL-QUIE-RA. No se necesita ser actor para hacer ese tipo de cosas. La utilización de esos recursos tan horrendos debería estar legislada y penada, me cae. Cárcel a ése tipo de actores o actrices. Desdibujan por completo esta profesión. Carajo, qué coraje. (Mmm… “carajo” y “coraje” suenan chistoso usadas en la misma oración.) En fin, la actriz me cagó. Lo que sí le reconozco es que utiliza el espacio perfectamente bien. Es ágil consigo misma y con la utilería. Tiene dominio del espacio, pues. Sin embargo, ya que se trataba de una marioneta, ella debió de haber usado en algún momento la corporalidad adecuada con el personaje. Al menos una pista por aquí y allá. Todo el tiempo se movió como humana. Jamás como muñeca y mucho menos, como marioneta. La obra no me gustó. Digo, no estuvo tan mala como la tercera que vimos, pero no me gustó. Lo malo es que como era LA OBRA MAESTRA DE UNA NIÑA DE APENAS 17 AÑITOS, uno tuvo que aplaudir. Chale.

A pesar de que en gran medida, el contenido de mi crítica hacia las cuatro obras que vimos es bastante negativo (digo, negativo en el sentido constructivo), al final salí feliz de MicroTeatro México. Me quedé con ganas de ver todas las demás, porque estoy seguro que al menos unas cuatro en total son buenísimas y han de valer muchísimo la pena. Es más, hasta las malas valieron la pena. Porque me hicieron sentir algo o me hicieron recordar algo. Lo que me molesta, o lo que no me gusta o no sé. Pero salí modificado; diferente a como entré, y eso es lo más importante. Esa es parte de la gran magia del teatro. Salir modificado.

Hay gran espacio y área de oportunidad para el comité que organiza, administra y elabora MicroTeatro México. Por ejemplo: la mejora en la selección de las historias, creación de lineamientos que permitan una mejor experiencia teatral (como todo es una casa, los sonidos de otras obras y la gente que está afuera se cuelan por completo dentro de las funciones), mayor difusión y publicidad para que más gente conozca el concepto, entre otros. No obstante, recomiendo ampliamente la experiencia microteatral y pienso volverme un espectador asiduo. Por lo menos hasta que me permitan entrar a alguna puesta en escena y entonces formar parte del concepto pero desde adentro.

Sé que puede leerse paradójico, pero en verdad, vayan a MicroTeatro México. Vale la pena.

(Pueden encontrar más información en www.microteatro.mx)


lunes, 28 de abril de 2014

50 Cosas sobre Mí.


1.  Aprendí a tocar guitarra a los 13 años, pero no sé leer partitura.
2.  Soy súper dulcero. Postres, pasteles, donas.
3.  Odio la cebolla, el cilantro y el perejil.
4.  De niño quería ser doctor pero decidí que mejor no porque me desmayo con la sangre.
5.  Soy muy chillón. Lloro en las películas, series y hasta en uno que otro comercial.
6.  Mi escritor favorito es Gabriel García Márquez.
7.  Soy fanático de la buena ortografía.
8.  Mis papás me querían poner "Christopher". ¿Me hacen el chingado favor?
9.  Roberto Alatriz, alias Darkar, creador de Vete a la Versh es mi primo hermano y lo admiro profundamente. (Primo, no soy vloggero.) Él odia a los vloggeros.
10. En la prepa era fan de Fernando Delgadillo e iba a todos sus conciertos.
11. Amo los RPG's y mi juego favorito es Chrono Trigger.
12. Soy fan de los Caballeros del Zodiaco y mis caballeros favoritos son Shiryu y Shaka de Virgo.
13. Me da mucha curiosidad y me interesan mucho los temas de metafísica, numerología y todas esas cosas raras.
14. Creo en espíritus, fantasmas y en las cosas paranormales.
15. Mi película favorita es Contacto.
16. Amo a los animales en general pero más a los perros y estoy totalmente en contra de la tauromaquia.
17. Si tratas mal a los meseros, personal de limpieza, despachadores de gasolina, entre otros oficios, no puedes ser mi amigo.
18. Amo a mi país, aunque creo muy poco en él.
19. Mis series favoritas son Grey's Anatomy, Heroes y Game of Thrones.
20. Soy medio ñoño o abuelo porque muchas veces prefiero una buena cena con una buena plática a una macropeda o un antro.
21. Hay 3 personajes de la política/clero mexicanos que simplemente no puedo soportar: Elba Esther Gordillo, Norberto Rivera y nuestro amado presidente: EPN.
22. De niño me sangraba la nariz a la menor provocación. Calor, miedo, estrés, etc.
23. Lo que más me atrae en alguien es que tenga un gran e inteligente sentido del humor.
24. No uso crema. Odio la crema. Por eso tengo manos de campesino.
25. Mi musical favorito es Spring Awakening, y tuve la fortuna de ser parte de él.
26. Lo admito, me da miedo la muerte.
27. Le tengo fobia a los alacranes.
28. Comer y dormir son mis actividades favoritas.
29. Me considero inteligente, pero cuando me enamoro me vuelvo la persona más idiota del mundo.
30. Mi postre favorito es la tortuga del T.G.I. Friday's.
31. Los deportes y yo no nos llevamos muy bien que digamos.
32. La primaria y secundaria la estudié en una escuela de monjas. Y me gustaba molestarlas, mucho.
33. Amo los Hot-Nuts. Le pongo Hot-Nuts a todo.
34. Me he fracturado el dedo medio dos veces. Jugando basket. Las dos veces.
35. Creo en la reencarnación y cuando alguien me hace alguna chingadera, le imagino reencarnando en una cucharacha.
36. Le pongo nombre a las cosas. Mi ipod se llama Maruja. Mi guitarra, Petra. Mi ruedita de abdominales, Estela. Mi sillón, Benito.
37. De manera genética, nací con algo llamado Trastorno de Ansiedad Generalizado.
38. No soporto que digan "de tu parte".
39. Un enorme defecto que tengo es que muchas veces no le digo "te quiero" lo suficiente a la gente que quiero porque asumo que ya lo saben. Enorme defecto. Nunca sobrará decirlo.
40. No puedo soportar que el trabajo del artista sea visto como una especie de hobby. Es un trabajo, digno, respetable y que no todos pueden hacer. Recordemos que ser artista y ser famoso no es lo mismo.
41. Me gusta mucho imitar a la gente, no todos son imitables. Pero cuando lo hago lo hago con mucho cariño. Es como homenajear su personalidad.
42. El libro que más miedo me ha dado en la vida es el Necronomicón.
43. Puedo jugar God of War, en cualquiera de sus versiones, una y otra y otra vez.
44. Tengo el umbral del dolor súper alto y no me dan miedo para nada las inyecciones. Sólo las intravenosas, por aquello de la sangre.
45. Soy súper preocupón. Demasiado. Intento ser optimista siempre, pero de manera inevitable no puedo dejar de imaginar el peor escenario de cualquier situación.
46. A menudo me dice la gente que me parezco a una de las siguientes tres personalidades: Julio Bracho, Patricio Castillo, y Animal de los Muppets.
47. Fumo. Sí, fumo. Enorme defecto lo sé. Lo admito. ¿Qué quieren que haga? Fumo.
48. Amo el teatro musical, pero siento que en los procesos de selección de los elencos (desgraciadamente) aun persiste el compadrazgo, la palanca, la amistad por encima del talento. No en todas las producciones, pero sí en muchas todavía. Y todo mundo lo sabe.
49. Tengo dos tatuajes pero si pudiera (que por chamba no puedo) tendría muchos más.
50. Estoy contento con mi vida y con la gente que me rodea. Si muriera hoy, me iría feliz y sin remordimientos.


jueves, 17 de abril de 2014

Amor y Salmonella.


Me cuesta mucho trabajo dormir últimamente. Y con últimamente quiero decir desde hace como seis meses. O hace mucho frío, o hace mucho calor. O mi cabeza está tranquila, pero nomás la pongo sobre la almohada y se empieza a revolucionar como me hubiera gustado que lo hiciera durante el día. De ahí que últimamente también, he tenido un tórrido romance con el alprazolam.

Han sido días extraños estos también. La verdad es que como artista, desconozco el término “vacaciones” ya que en realidad no tengo. Le comentaba a mi amiga Bibi que lejos de vacaciones, son periodos de desempleo. No me rijo bajo algún calendario ni tengo horarios Godínez así que, cuando la gente sale de vacaciones me siento muy fuera de lugar. Amo que la ciudad se vacíe, pero de alguna manera odio saber que estoy fuera de contexto ya que este fin de semana todo mundo ha venido planeando el escape. A diferencia de otros años, esta semana santa sí quise salir con mis amigos a algún lado pero me lo impidió una amiga que hace algunos años no había visto: la salmonella.

Es la tercera vez que me da esta chingadera. La verdad es que ya hice mi paz con ella en esta ocasión. La caché temprano así que probablemente no la sufra más allá de un par de días. Pero qué joda. Hay gente que en toda su vida no se entera qué significa eso, y habemos otros a los que nos da hasta por tercera vez. (Espero sea la última).

Como la temperatura no me dejó salir y emprender el viaje a la playa, me refugié en mi pequeño departamento de 2x2 a navegar por internet, pedir comida a domicilio, ver películas y escribir en el blog. El edificio está muerto ahora. Los pocos que no salieron de vacaciones andarán como en el quinto sueño, pero hay una lucecita prendida en uno de los interiores. La de mi escritorio. Me caga porque es en estos momentos cuando me dan ganas de que súbitamente me ocurra un ataque creativo, una catarsis insospechada y ponerme a componer un tremendo hit, la mejor canción de amor de todos los tiempos. O incluso ponerme a escribir aquí, pero cosas jamás antes escritas. Generar lo nunca antes generado. Pero no. Solo ocurre que me pongo a vomitar letras encontrando compañía en mí y en mi cabeza.

¿Se han sentido así? Atrapados en una noche que parece no terminar. Una noche tan común y corriente que se vuelve horrible y larga como la chingada. No tienes sueño, tampoco hambre. No tienes ganas de salir pero no quieres estar encerrado. Quieres estar solo pero te hace falta alguien. Total, con nada se te da gusto. Así estoy ahorita. Ya en una hora quizás me eche un revolcón con el Tafil y me vaya directito a la cama para que mañana todo cobre mayor sentido. Y mañana, voy a componer un tremendo hit; la mejor canción de amor de todos los tiempos. Mañana voy a vencer a la salmonella y sufriré de un ataque creativo, una catarsis insospechada y entonces la noche sí que valdrá la pena.

La de hoy que se vaya a la mierda.


Gente Inmensa.

Mi respuesta era "quién sabe", cuando me llegaba a preguntar el por qué de las cosas. ¿Por qué o para qué existe la vida, el mundo, los seres humanos, el universo? Porque podría no existir nada y ya. El punto es que siempre, después de horas de debate y meditación interna, todo lo resolvía con un "quién sabe". Es fácil, reconfortante y sobre todo, descansa la cabeza. Te permite parar en seco, y poder dormir.

Hoy me hice esa pregunta otra vez pero la respuesta fue diferente. Hoy que se fue uno de mis más grandes ídolos, Gabriel García Márquez, la respuesta fue él precisamente. ¿Para qué o por qué existe todo? Pues especificamente no sé, pero lo que sí sé, es que existe para que ocurran sucesos como Gabriel García Márquez. Como Rita Guerrero. Personas que yo llamo "gente inmensa". No soy sabio, entonces la neta no podría decir que su propósito fue enseñarnos algo, trascender, bla bla bla. Repito; específicamente desconozco el objetivo. Pero fueron; son. Estuvieron y cambiaron. Transformaron y formaron parte. Y a pesar de que siento que no estoy siendo muy claro, lo único que puedo decir es que agradezco ser parte de toda esta espiral de vida/existencia tan solo por tener la oportunidad de ser testigo de este tipo de gente inmensa.

Fui el cliché. El primer libro del Gabo que leí fue Crónica de una Muerte Anunciada.  Aunque a diferencia de muchas personas, lo leí por interés. No porque algún maestro en la secundaria me lo haya dejado de tarea. La verdad es que antes de leerlo, no tenía una muy buena impresión del Gabo. Una amiga me había dicho que él odiaba los acentos y quería proponer quitárselos al español. Yo siendo un fanático de la ortografía y el lenguaje me opuse rotundamente. Recuerdo haberle dicho a mi amiga que el hecho de que García Márquez fuera Nóbel de Literatura no le daba tampoco el derecho a eliminar del lenguaje algo tan importante y sustancial. Sin embargo, nunca investigué a fondo si esas declaraciones habían sido ciertas. Quizás fue solo un rumor (como el rumor de la supuesta carta de despedida que circuló años por internet y que jamás fue de su autoría).

Mi amiga me dijo, "léelo". No tenía muchas ganas. En ese entonces yo era un adolescente confundido y raro al que le gustaba leer a Lovecraft  y Süskind.  (Un chamaco de 15 años leyendo a Lovecraft, háganme el puto favor) Pero después de meses le hice caso y lo leí. Fue mi tumba. No fue Santiago Nassar el que quedó destripado y cayó de bruces. Fui yo. Desde entonces fueron las letras de Gabo las que me guiaron. No había (ni hay hasta la fecha) mejor escritor para mí. Fui a Macondo tantas veces y ví la Hojarasca pasar. Ví a Remedios la Bella partir, volé con el señor viejo de las alas enormes, conocí el hielo. Sufrí por Florentino Ariza y me volví el guardían del Coronel Aureliano Buendía. Yo también intenté matar a la abuela desalmada y estuve encerrado en la tumba de Sierva María de Todos los Ángeles.

Es ahora que a los 87 me deja mi ídolo de las letras. Es momento de que descanse. Pero solo el cuerpo, porque sus historias y su alma están ahora más vivas que nunca. Y la ventaja es que mientras yo tenga vida, podré ir a Macondo las veces que yo quiera. En un "ir y venir del carajo". Gabo, te vamos a extrañar.

Gabo

"—¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? —le preguntó. Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.
—Toda la vida —dijo."
(El Amor en los Tiempos del Cólera)


miércoles, 9 de abril de 2014

La Señora ValdeMamá.

Dicen que irremediablemente, de una manera u otra, los padres les arruinarán la vida a sus hijos. Todos, sin excepción alguna. En mi caso puedo decir que es cierto. Mi madre me arruinó la vida. Con sus frases. Frases y palabras célebres que me marcaron. Se me pegaron casi con UHU y provocaron que yo, al repetirlas, fuera víctima de bullying por parte de mis compañeros en la escuela. Lo peor es que las sigo repitiendo de vez en cuando y el bullying  no termina. Porque ella las sigue diciendo. Claro que ya adquirida más edad, le he dicho en un par de ocasiones que sus frases y palabras son horrendas. Que me las ha pegado y que se burlan de mí. Y lejos de encontrar consuelo, me bullea  también. A continuación se las expongo:

Las advertencias.

1.  Cada vez que de pequeño se me ocurría levantarle la mano a mi mamá, me gritaba de inmediato: “¡Se te va a secar esa mano!”. Era yo tan inocente (pendejo) que le creía, y por temor a que mi mano se secara para siempre dejé de hacerlo.
2. Ya bastante enojada conmigo (encabronada más bien) me amenazaba con una frase tremenda: “¡Síguele Arturo Valdemar, y se te va a aparecer Juan Diego pero sin la Virgen!” Ahora que lo pienso, no tiene mucho sentido esa frase. Juan Diego es un Santo. Si se me aparece sin la Virgen, ¿qué? Pero me daba miedo. Imaginaba que se me presentaría el espíritu de un Juan Diego endemoniado para torturar mi alma.
3. Las veces que me negaba a hacerle algún favor, no tardaba en decirme: “Pero me has de pedir agua en el desierto, y en lugar de agua te daré pinole”. Nunca supe que era el pinole hasta hace un par de años. Pero imaginaba una especie de mazapán amargo con frutas secas y muchas pasas. Ewww.
4. Como típica mamá, cada vez que yo salía de casa me preguntaba: "¿Llevas con qué taparte?" Yo respondía que sí al tiempo que le mostraba la chamarra o suéter que traería conmigo. "¿Eso?" respondía, "Te calienta más una regañada mía que eso." La mayoría de las veces, y hasta la fecha, tiene razón.

Los eufemismos.

Chapada a la antigua, mi madre temía al uso del lenguaje coloquial franco con sus hijos. Creía que algunas palabras eran demasiado agresivas para que un niño las conociera y pronunciara. De tal modo, utilizaba eufemismos. El problema aquí, era que yo no sabía que eran eufemismos, y que en realidad las cosas se llamaban de otra manera.

1. Evidentemente “caca” y “orina” le parecían sustantivos demasiado extremos, por lo que utilizaba los muy conocidos “popó” y “pipí”. Pero lo grave del asunto, es que en estos escabrosos temas escatológicos, la palabra “mocos” le parecía igual de extrema. Por lo tanto, mi madre decidió inventar (sí, inventar) la palabra “bubos”. ¿Me hacen el chingado favor? Lo peor es que yo crecí creyendo que así se les decía a los mocos. Imaginen por tanto el siguiente escenario: secundaria, todo mundo tratando de ser cool.  De presumir su identidad y originalidad. El popular, el bully, la cerebrito. En fin, toooodo el cliché. Y de repente llega un güey a decirle a sus amigos: “Espérame que se me salió un bubo”. Chale. Chale chale chaleee.
2. Ya que estamos entrados en esta área de los residuos corporales, mi mamá jamás podría decir “te echaste/tiraste un pedo”. Ah no, para ella, las flatulencias eran “punes”. “Si te quieres echar un pun ve al baño hijo, no lo hagas aquí en la mesa que estamos comiendo.” Pero, si andaba de “bocasucia” (como mi mamá les llama a los groseros), en lugar de “pun” nos decía: “¿Ya te andas descosiendo?” Esa última sí me gustaba y hasta la fecha me da mucha risa.
3. Mi mamá tiene un problema con la palabra “pantufla”. Le parece fea y agresiva. (¿Cómo poooor?) El punto es que seleccionó otra para reemplazarla. Una mucho peor: “babucha”. De nuevo, la palabra “pantufla” siempre estuvo fuera de mi diccionario. Yo creía que literal las pantuflas se llamaban “babuchas”. Y se siguen riendo de mí algunos amigos porque digo “babuchas”.
4. A mi mamá le parece poco cool decir “policías”. En su época de joven, lo cool era decir “tamarindos” (los oficiales de tránsito hace muchos años utilizaban uniforme color café), pero a mi mamá eso de “tamarindos” le parecía muy naco. Así que, ¿por qué no? Se le ocurrió algo mucho más fresco. Mucho más amigable. Mucho más… chale, se las digo: “popochas”. Sí lector, así como está escrito. Mi mamá a los policías les dice “popochas”. En esta ocasión, a diferencia de las anteriores, siempre supe que esta palabra era un invento de mi madre. Pero lo decía con tanta cotidianeidad que para mí no tenía nada de extraño. No fue hasta que vi las caras de horror de mis amigos que supe, cuán grave había sido mi error.
5. Aquí viene lo peor. ¿Cómo nombrar a los genitales? Santo Jesús de Veracruz. (Es que no entiendo de veras. Mi mamá siendo tamaulipeca, jaiba brava y cayendo en esta ridiculez.) Bueno, pues ahí va. Para referirse al pene mi mamá usaba el ridículo y conocido “pilín”. Porque sí es conocido, ¿verdad? … ¿VERDAD? Bueno, pero eso no es lo más grave. El problema está en la vagina. ¿Cómo nombrar a la vagina? ¿Cómo nombrar ése lugar pecaminoso que domina al mundo? (Porque si bien los hombres dominan al mundo, las mujeres dominan a los hombres.) Pues vamos a utilizar la palabra “chun chun”. Sí. “Chun chun”. Padrísimo. Bravo mamá. Bravo. ¿Te imaginas a tu hijo en clase de sexualidad en secundaria preguntándole a la maestra en frente de todo el salón que cuánto era capaz de dilatarse un “chun chun” al momento del parto? No mamá, no te lo imaginas.

Con todo este post, lo que en realidad quiero decir es, que adoro a mi madre. Como ella no hay dos. Punto. Y quiero decir también que solo a mí me pudo tocar una mamá que utilizara las palabras “babuchas”, “pilín” y “chun chun”. Porque si llegara a ser verdad que nosotros escogimos a nuestra familia desde antes de nacer, entonces fui muy pero muy sabio al seleccionarla a ella como mi madre en esta vida. Tanto que si pudiera, la volvería a escoger.


martes, 8 de abril de 2014

Retorcerte cual gusano.


Ahora más que nunca me queda claro que el talento no se puede comprar. Ni con todo el dinero del mundo. Ni con las mejores palancas. Ni con la suerte. Se nace con él, y se trabaja. Se desarrolla y se pule. Se crece. Se vive y se comparte.

Aunque la mayor parte del tiempo se confunde, no es lo mismo ser artesano que ser artista. Hacer como que haces las cosas puede llegar a ser muy convincente, válido incluso. Pero hacerlas de verdad… no cualquiera. Puedes estar en el escenario y cantar apretando los ojos. Forzando cada músculo de tu cuerpo y retorcerte cual gusano con tal de que parezca que la emoción te abunda. Y aún así no conectas. Estás haciendo como que haces. Estas haciendo una artesanía. Y te pueden llegar a creer. Y hasta te aplauden. Pero tú sabes, muy dentro de ti, que es mentira. Al final, eres a ti a quien engañas.

O puedes cantar, sin moverte un solo centímetro. Parpadeando solo lo necesario y con las manos atrás. Y conectar. Y hacer sentir. Y crear. Y estar. Hacer. Hacer arte. Ser un artista.

Estamos acostumbrados a medirnos en logros y fracasos. Soy bueno en lo que hago si consigo el trabajo. Si me dan el papel. Si me escogen. Soy malo si no quedo. Si seleccionaron a otro. Si no me voltearon a ver. Pero eso no es cierto. Como tampoco es cierto que debamos comparar nuestra carrera con la del otro. El ofrecimiento de un contrato no te vuelve un artista verdadero. Ni eso, ni salir en la tele o tener un disco. Los halagos de tus amigos y familia son valiosos y reconfortantes, pero parciales. Poco objetivos. Que tengas los recursos materiales y sociales para conseguir hacer lo que se te dé la gana no significa que lo hagas bien y/o que tengas lo que se requiere para hacerlo.

Al final, lo que verdaderamente importa es trascender. Ver la fama como consecuencia, no como objetivo. Disfrutar el camino y aceptarlo con honor. Dignificar tu trabajo. Hacerlo con un profundo y humilde orgullo. Chin-gar-se, y también (¿por qué no?) gozar de sus beneficios y recompensas. Conseguir rebasar la línea de lo efímero; trascender.

Trascender, carajo. Pero ni siquiera saben lo que significa.



domingo, 6 de abril de 2014

FFX y las Reflexiones de un Gamer.

Admito que ya tiene un buen rato que no juego un RPG nuevo. No quiero sonar a abuelo, pero siento que ya no los hacen como antes. Ya he dicho muchas veces que mi juego favorito es Chrono Trigger. Sin embargo, en segundo lugar para mí esta Final Fantasy X (FFX). No todos los Finals me han gustado, aunque admito que no los he jugado todos. El VII  es buenísimo, pero la última vez que intenté jugarlo me pareció algo lento. Algunos de los Finals no me gustan porque los japoneses a veces se debrayan demasiado y sus historias son poco amigables para con el jugador. No obstante, el X tiene una de las mejores historias que he experimentado en mi vida.

Para los que no tienen idea de lo que estoy hablando (ya sea porque no son gamers o porque aunque lo sean, nunca lo han jugado) intentaré resumir la historia: Spira es un mundo donde habita el miedo, ya que un ser de proporciones titánicas llamado Sin, acecha constantemente a los seres humanos destruyendo sus pueblos, ciudades y matando todo ser vivo que encuentra a su paso cada vez que decide aparecer. Es tan grande y poderoso que la única manera de derrotarlo es a través de un Final Aeon  (algo así como un ser mágico, primordial, muy poderoso) que solo puede invocarse a través de ciertas personas llamadas (valga la redundancia) invocadores. Estos invocadores o summoners tienen que hacer una especie de peregrinaje alrededor de todos los templos existentes para despertar a los Aeons. El peregrinaje termina en el último templo, lugar del Final Aeon quien para ser despertado y eliminar a Sin, reclama la vida de su invocador.

Yuna es el nombre de la summoner  esta vez, y sus guardianes (que son los otros protagonistas de la historia) la acompañan durante todo este viaje para tratar de eliminar a Sin y brindar lo que los habitantes de Spira conocen como The Calm (sí, la calma). The Calm es un periodo de paz y tranquilidad libre de Sin, hasta que el monstruoso ser decide renacer. Se dice que Sin es eterno, y solamente desaparecerá por completo hasta que la humanidad haya encontrado una manera de vivir correctamente y fuera del pecado. Sin embargo, descubrimos a través de esta historia, que el peregrinaje es una falsa tradición. Que las enseñanzas de Yevon (la religión que se practica en Spira) son falsas también. Que sí existe una manera definitiva de derrotar a Sin y que los invocadores no deben morir en el proceso.

Me gusta porque encuentro grandes similitudes con la vida. Nos han enseñado a creer cosas porque sí, sin darnos razón del origen. Seguimos falsas tradiciones porque es lo socialmente correcto. Y aunque no estoy en contra de las tradiciones (por su carácter cultural), sí estoy en contra de la gente extra dogmática. Para poder derrotar a Sin, los personajes de Final Fantasy X no solo deben hacer uso de la fuerza y la inteligencia; deben desafiar los preceptos religiosos, morales y sociales que se les han impuesto. Son señalados como traidores. Son rechazados y excomulgados. Hasta que finalmente, tras derrotar al enemigo, la gente no solo celebra a los ahora héroes. Ahora también comienza un mundo nuevo, donde ya no hay lugar a las mentiras y a las falsas tradiciones y/o religiones.

Los personajes son entrañables y el diálogo sumamente emotivo. Te encariñas tanto con los personajes que te vuelves uno más de los guardianes de Yuna y emprendes el viaje con ellos. Entiendo que los RPGs no son juegos que a todos les gustan, pero a mí me fascinan. Quizás también porque soy actor. El drama dentro de estos juegos es fundamental. Cada personaje tiene un perfil no solo muy bien delineado, sino también perfectamente justificado. Y como músico también lo digo. Todo el score está a cargo de Nobuo Uematsu, quien es un tremendo pedazote de compositor. Tanto, que diversas orquestas alrededor del mundo han hecho tributos a sus composiciones más significativas. (Bueno y a Yasunori Mitsuda también, otro reverendo chingón). Cada vez que escucho rolas como “To Zanarkand ” o “Suteki Da Ne ”, me dan ganas de llorar.

En fin, soy muy fan de FFX. Tanto que me tatué en la pantorrilla el logo del juego. El significado que tiene el logo en la historia es muy simple: la “T” de Tidus (el protagonista) y la “J” de Jecht (su padre) unidas en un mismo diseño. Pero para mí, es el recordatorio de todo lo antes mencionado. El recordatorio de que quizás para lograr el objetivo haya que desafiar preceptos, estatutos y reglas sociales. Que soñar es bueno. Que los monstruos por gigantes que parezcan, se pueden vencer. Que la vida vale la pena. Que solo es una y que el camino, aunque tortuoso y complicado, es hermoso. Sobre todo, si hay con quien compartirlo.

Final Fantasy X

sábado, 5 de abril de 2014

Social-mente.

Yo no soy clasista, como tampoco tengo absolutamente nada en contra de los miembros de una clase social u otra. Pero después de ver el (últimamente viralizado) video de graduación del Colegio Cumbres me puse a pensar un chorro en cuanto a clases sociales se refiere. Cabe aclarar también que no soy sociólogo y que la vida no es solamente negra y blanca; contiene dentro de sí un abanico infinito de posibilidades. En la actualidad quizás existan más de tres tipos de clases sociales, pero para efectos de éste post, supongamos que sólo existen tres: la baja, la media y la alta.

Dentro de esas tres clases, siempre me he considerado parte de la media. Uno podría pensar que todos aspiramos a alcanzar la alta pero la verdad no es mi caso. Creo profundamente ventajoso el hecho de pertenecer a la clase media. He aquí el por qué: la clase alta tiene como herramienta principal de poder el dinero. Es lo que la sitúa por encima de las otras. Este dinero le permite formar, integrar y constituir grupos de élite. Experiencias que solamente gente con el poder adquisitivo suficiente puede tener. No sé, me imagino chavos que durante toda su vida han gozado de vacaciones en el extrajero. Chavos que dentro de su cotidianeidad está el tener varias propiedades en distintos estados no sólo de México sino también de otros países. Regalos y/o fiestas de cumpleaños que involucran cosas altamente costosas. Actividades como golf, reuniones en clubes privados, no sé... estoy especulando.

Al extremo opuesto tenemos aquellos cuyas vacaciones representen ir a las playas de Marcelo. Tomar un camión e ir en familia a Veracruz o a Acapulco y hospedarse en el bungalow más accesible posible. Aquellos cuyas actividades familiares involucran frecuentemente el trabajo como ayudar en la papelería del papá, atender la tienda o el puesto del mercado de la mamá, hasta el negocio familiar que puede llegar a ser cualquier tipo de delincuencia. La clase baja carece del dinero como herramienta de poder, pero ha hallado en su ausencia la astucia, la perspicacia y la fuerza social colectiva. Existen también (dentro de la clase baja), grupos de élite. Así como no cualquiera puede entrar a los grupos selectos de la clase alta, a los de la baja tampoco.

Ahora bien, si hablaba yo de que ser clasemediero era altamente ventajoso, es porque siempre he creído que nada, en ninguno de sus extremos es adecuado. En mi caso (al estar justo en medio de las dos) me parece que se me presenta un panorama un poco más amplio sobre las tres clases (y hasta sobre la vida). Entiendo que estoy inmerso en una y ser absolutamente objetivo resultaría imposible. Sin embargo, creo tener mayor perspectiva. El clasemediero puede tomar un poco de las otras dos. Relacionarse con gente de las otras dos de una manera mucho más abierta, franca y sencilla. Además me parece que es el más rico de espíritu. Tiene que luchar para obtener las cosas pero no le gana la imposibilidad (o la idea de la imposibilidad). Los grupos a los que pertenece difícilmente son tan elitistas como los otros dos. Puede camuflajearse. Sus experiencias de vida ocurren de los dos lados. Es más tolerante y por de más, incluyente.

Mucha gente podría considerar al clasemediero como mediocre. Indefinido. Ni muy muy ni tan tan. Cuando en realidad es el que mayor conocimiento tiene sobre el comportamiento de cualquier circunstancia. Entiendo que existe un cierto tipo de "zona de comfort" al cual el clasemediero puede ajustarse durante toda su vida. Pero en realidad, cualquiera de las tres clases tiene su propia "zona de comfort". La verdadera mediocridad se presenta en cualquier tipo de clase social.

Tratando de ser más específico pongo el siguiente ejemplo: una persona de la clase baja no sabe quién es Vivienne Westwood. Una persona de la clase alta no sabe qué es un taco con copia. Una persona de la clase media, sabe las dos cosas.

Me gustaría hacer un experimento para la clase alta y la baja. (A los clasemedieros nos dejo a un lado). Me gustaría poner a dos chavos de 18 años. Uno de clase alta y otro de clase baja. A los dos quitarles el celular y la cartera. Después, poner al chavo de clase baja en algún centro comercial de Las Lomas y al chavo de clase alta en pleno mercado del Barrio de Tepito. Cada uno entonces, deberá llegar al destino opuesto. (El destino que, en teoría, le pertenece.) ¿Conseguirán llegar los dos? ¿Cuál llegará primero? Si llegan, ¿en qué condiciones lo harán? ¿Cómo será su experiencia?

Sí, me gustaría conocer los resultados.