martes, 27 de febrero de 2018

Incómodo.

Cuando decidí escribir mi post anterior y publicarlo en este blog sabía ya con antelación el tipo de consecuencias que se me iban a presentar. Lo digo, porque esto es lo mínimo que uno puede hacer cuando uno toma una decisión aunque haya sido hecha con las mejores intenciones. Los gringos le llaman "being accountable". Expertos se debatirán si una reacción visceral puede ser o no considerada una decisión, pero la mía no fue reacción visceral. Es decir, (y dicho "con manzanitas") todo lo escrito en mi post anterior fue producto de una decisión meditada, pensada y re-pensada, analizada y finalmente tomada abriéndome de corazón y brazos al terreno de las consecuencias (cualesquiera que estas fueran).

Debo decir (y agradezco profundamente) que la mayoría de las reacciones (o consecuencias) que he recibido después de dicha publicación han sido maravillosas y muy positivas. Algunas que no pude anticipar, fueron por ejemplo gente que no solo me ha escrito para decirme que comparte cada palabra que escribí en donde se vieron reflejados ampliamente, sino también gente que de algún lado en ese texto encontró inspiración para tomar acción y renovarse y prepararse para volverse una versión mejor de sí mismos. Una persona tomó la decisión de entrar a estudiar Actuación en forma después de haberme leído. Otra me dijo, "a partir de este momento no me vuelvo a conformar." Y entonces caigo en cuenta, (después de hacer un balance), que valió la pena. Y que si es verdad que existe el bien y el mal, pues entonces puedo considerar que tomé una buena decisión.

A pesar de que decido quedarme con esas buenas reacciones, no puedo hacer caso omiso a aquellas que estuvieron en desacuerdo. No porque pretenda cambiar su punto de vista, sino porque me interesa saber el por qué de su forma de pensar. Grandes aprendizajes vienen justo cuando uno se atreve a escuchar al que opina diferente a ti. (Aunque también debo admitir que no esperaba una reacción inteligente por parte de algunas personas. Sobre todo porque después de años de conocerlas me he dado cuenta que no tienen la capacidad de discernir entre una crítica y un ataque personal.)

Hasta el momento, solo una de esas reacciones adversas que se me han presentado, ha tenido un poco de sustancia y lo agradezco. (Digo "un poco" porque viene de alguien que no sabe lo que es trabajar en ese lugar ni vivió de cerca los años de proceso que me llevaron a escribir lo que escribí.) Lo que me plantea esta persona es que decir lo que uno piensa "igual ni es tan útil o inteligente" y que su nuevo mantra es "no me vuelvo a quejar si no voy a HACER algo". Sigo meditando en lo que me dijo porque me ayuda a evaluar qué tanta acción tienen las palabras. Pero por el momento sigo inclinado a creer que el hecho de haber escrito aquel texto, más que una simple queja fue entrar o dar un primer paso al terreno de la acción. ¿Por qué? Porque se abrió la conversación, la reflexión. Porque hubo gente que reaccionó y tomó decisiones. Porque el silencio NO imperó. (Y eso para mí es HACER algo.)

Una de las cosas que más sabía antes de publicar mi blog, era que me iba a volver incómodo. Nombrarme, para algunas personas, iba a resultar una molestia. Una especie de escozor les iba a recorrer el cuerpo a aquellos que me leyeran y no estuvieran de acuerdo, ¿y por qué? Porque así es la verdad. Incómoda. Por eso la ignorancia es considerada una bendición. Por eso es que la ingenuidad es un gran regalo. Por eso es que durante muchos años en mi carrera guardé silencio y me quedé callado ante la adversidad, para evitar ser precisamente eso: incómodo. Pero al evitarlo, evitaba también ser verdadero. Caía en la omisión (que seamos honestos, no es otra cosa que ser falaz).

Nos hemos tardado en entender que la incomodidad lejos de un dolor, es una oportunidad. Representa la oportunidad de tomar acción y hacer de esa sensación algo útil. Es como percibir síntomas de enfermedad cuando la mayoría de la gente prefiere evadirlos con tal de no ir al doctor, con tal de no saber la verdad. No es nada fácil tomar la decisión de ir al médico pero, ¿apoco no resultaría lo más inteligente?

Sí, hace dos semanas me volví incómodo. Muy incómodo. Admito que no me encanta serlo, pero lo celebro no solo porque logré abrir un par de ojos (y un par de mentes), sino porque dije la verdad. Me mantengo en lo dicho porque es toda la verdad y nada más que la verdad. 

(Pese a quien le pese.)


lunes, 12 de febrero de 2018

Conciencia y Dignidad.

En noviembre del 2014 inicié una nueva aventura como actor. Sonaban en mis redes sociales a cada rato las recientes grandes propuestas de Microteatro México y me encantaba el concepto. Tenía muchas ganas de participar en un proyecto "teatral" de corta duración en un espacio íntimo, contando una historia en quince minutos o menos. Fue entonces que conocí a un director que después de varias pláticas propuso escribirme un personaje para una obra de formato corto. Sin pensarlo dos veces, acepté. Aquel director presentó el texto como propuesta para la nueva temporada de Microteatro pero fue rechazado, fue entonces que buscó un espacio en el recién inaugurado Teatro en Corto (con sede en Nápoles) y Paco Lalas aceptó. La obra se llamaba "Los Apóstatas", una comedia en donde dos testigos de Jehová "secuestraban" durante quince minutos al público para intentar imponerles su fe. Mi personaje se llamaba "Ezequiel", pero le decían "Cheque" de cariño. Nos incorporamos a este Teatro en Corto en lo que sería su tercera temporada.

Gente de buen nombre y buena trayectoria artística conformaba el elenco del lugar; Marcelo Córdoba, Kenia Gascón, Paco de la O, Víctor Civeira, Betty Monroe, Andrea Noli, Sergio Ochoa, Vanessa Ciangherotti, entre otros. El número total de actores que integrábamos una temporada completa no pasaba de veinte. Yo sentía una especie de honor y privilegio al poderme considerar dentro de las filas "prestigiosas" de actores que eran parte de este nuevo lugar que albergaba una alternativa a los micro formatos teatrales. Entre las nueve obras que integraban la temporada, logramos una convivencia única. Y entre actores (colegas) y directores y productores dimos todo de nosotros para enaltecer el lugar, atraer al público y dar a conocer este nuevo espacio artístico. (Sobre todo en un país donde los espacios artísticos deben sobrar, pero desgraciadamente, faltan.) Puedo decir sin temor a equivocarme que tuvimos una temporada muy exitosa. El boleto, por obra, costaba $70 y había paquetes de 3 obras o más donde el costo del boleto bajaba.

Regresamos con "Los Apóstatas" en la 4ta. temporada debido a que el director había tenido problemas con una actriz y tuvo que cancelar su nueva obra. Como nosotros ya estábamos listos y ensayados, simplemente entramos a sustituir. Pero nos fue muy bien de nueva cuenta. Han pasado cuatro años y aun me encuentro con gente que vio la obra y me sigue diciendo que es de lo mejor que ha visto en este formato y que jamás la olvidarán. (Bonito recibir cumplidos de un trabajo que tiene tanto tiempo de haber ocurrido.)

Seguí participando en Teatro en Corto en varias temporadas más gracias a directores y/o productores que vieron mi trabajo y me invitaron a ser parte de sus nuevas obras. Estuve, después de "Los Apóstatas", en obras como "Todos Somos Godínez", "El Quirófano", "Piso 12" y "Rockstar". Entusiasmado con la idea de tener mi propio montaje, adapté el sketch cómico de Josh Meyers "A Football Thing" y monté y dirigí  "Cosa de Hombres", obra que presentamos durante dos temporadas (una en la nueva sede de Teatro en Corto Coyoacán, y la segunda en la sede de Nápoles).

Las razones por las cuales tuve el "atrevimiento" de dirigir una obra son las siguientes:

  1. Tengo el entrenamiento y estudios necesarios no solo como actor, sino como director escénico.
  2. El texto no era inédito, era una adaptación de una idea ya creada y desde el día uno le dimos el reconocimiento al autor original.
  3. Dicha adaptación fue revisada por varios amigos dramaturgos como boceto para que hicieran correcciones y me ayudaran a lograr un nivel de texto con la suficiente calidad para ser interpretado y presentado al público en general.
  4. Yo mismo me encargué del diseño del foro (con ayuda de David Anguiano) y de la producción de los audios que acompañaban a la obra. (Audios que contaban con la voz de Arturo Posada, un actor profesional y Gabriela Cárdenas, mi directora de doblaje y actriz con más de treinta años de experiencia profesional.)
  5. Aunque se escuche mamón; sí, soy muy chingón en lo que hago.

La simple idea de cobrarle al público $70 de su bolsillo y que además me otorgaran quince minutos de su vida (que jamás regresarían) me asaltaba en todo momento como recordatorio de hacer siempre el trabajo más digno, respetuoso y honrado que pudiera. Jamás tomé al público por tonto, ni lo di por hecho (aunque fueran mis amigos o conocidos) y yo esperaba lo mismo de cualquier otro foro. Viniendo desde la tercera temporada en donde los actores y actrices no solo eran de primer nivel, sino que tenían una visión profesional muy especial, jamás iba a permitir que mis estándares de calidad bajaran. No me importaba que la obra fuera taquillera o no. Lo que me importaba era que aunque tuviéramos solamente 1 persona de público, esa persona se fuera satisfecha, modificada y que pasara un muy buen rato. Ese reto lo logramos y con creces. Más de una persona se hizo "fan" de la obra y la vieron una y otra vez. Una de esas personas (Miguel Alcántara) vio la obra más de treinta veces, y cada vez pagó su boleto. La gratitud que me inspiran todas esas personas no tiene límites.

Hace dos semanas terminamos la segunda (y última hasta el momento) temporada de "Cosa de Hombres" en Teatro en Corto Nápoles. Julio Martell, director, productor y escritor de obras de teatro me había invitado a formar parte de su nuevo montaje "Romeo y Gertrudis" para la siguiente temporada. Rechacé su invitación. ¿Y por qué rechacé su invitación? La obra no era mala, era muy chistosa y conmovedora. El elenco, increíble. ¿Entonces?

Rechacé su propuesta y no solo eso, sino que tomé la decisión de no volver a participar en Teatro en Corto, al menos durante un muy buen tiempo. No, no me harté de "hacer lo mismo" porque jamás me voy a hartar de estar en el escenario (en el formato que sea). Actuar para mí es como respirar y es una bendición. Pero mi arte merece respeto y dignidad y desgraciadamente ese lugar ha dejado de tenerlo. De iniciar como un lugar propositivo en donde grandes figuras trabajaban profesionalmente ante el público (a pesar de tener una muy poca ganancia económica) ahora se ha convertido en un lugar en donde el arte es lo menos importante. Los directores/dueños de Teatro en Corto se han concentrado en generar ganancias económicas sin importarles ya los contenidos, la calidad o incluso hasta el mismo factor humano tanto del talento como de la gente del staff como del público.

Contratan a chavos y chavas que no cuentan con estudios en actuación, y los pocos que tienen esos estudios no los tienen terminados. Rellenan, literalmente, sus foros con obras cuya calidad es absolutamente nula y ahora piden que en lugar de generar un elenco pequeño, sustancioso y comprometido, llenen las obras con elencos de más de diez personas (insisto, la mayoría de las cuales no son actores profesionales ni tienen las facultades ni los estudios necesarios para serlo). Sólo son chavos y chavas "bonitos". La mayoría de las obras están escritas por gente que no tiene el más mínimo estudio y/o entrenamiento profesional en dramaturgia. Gente que no sabe leer, vaya, mucho menos escribir. Y lo peor es que los mismos directivos del lugar le piden a esta gente "escríbete otras dos para las siguientes dos temporadas ¿no?" y estas personas que NO son dramaturgos o escritores, ni tardos ni perezosos se ponen a escribir pendejadas entusiasmados con la idea de que van a tener en su haber "más de tres o cinco o diez obras presentadas".

El costo del boleto individual ahora es de $120. Sí, así como usted lo está leyendo. ¡$120! Si compras boletos para tres o más obras entonces el boleto individual baja y te sale en $80. Me parece un robo. RO-BO. Que tengas que pagar como público $120 por una obra de quince o veinte minutos con un texto pésimo, actuaciones pésimas, producción pésima, diseño de vestuario e iluminación pésimos, me parece además de robo una mentada de madre, patada en los huevos y escupitajo en la cara.

A los productores ahora se les cobra una renta del foro. Tienen que pagar $1,000 semanales por el uso de su foro. Además, la casa se queda con el 50% de las ganancias de los boletos, el resto se reparte entre productor, director, autor, actores y asistente. Hubo incluso un momento en el que la casa se quedaba con el 60% del boleto si no metías al menos cien personas durante el fin de semana completo. Y hay una serie de multas (económicas por supuesto) que miembros del staff o de la casa cobran a cada producción por una serie de razones estúpidas: que si un actor o alguien del público manchó la pared con el pie, que si la obra comenzó en segunda llamada en lugar de tercera, que si la obra duró menos de quince minutos, que si el elenco que tenía el staff de taquilla no es el elenco que está dando la función, etc.

Le están haciendo además un gran daño a todas esas chavas y chavos nuevos que están contratando porque les están haciendo sentir que ya son unos profesionales y que la calidad que ellos ofrecen es suficiente para poder cobrar un boleto. Los están limitando a creer que con lo poco que saben o han estudiado ya están listos para ser contratados en Hollywood. No piden credenciales, títulos, cédulas profesionales o muestras de sus trabajos anteriores. Solo están pidiendo caras y cuerpos bonitos. Y dinero, mucho dinero.

Hablé particularmente con uno de estos chavos que ya ha "escrito" más de cuatro obras para Teatro en Corto bajo órdenes de los dueños (y también bajo iniciativa propia) y le dije: "Me encanta que seas tan emprendedor y que te guste generar proyectos. Pero si quieres seguir haciendo esto, entrénate, estudia, métete aunque sea a un curso o taller de dramaturgia. Mejora tu calidad, le estás cobrando un boleto a la gente y les estás quitando tiempo muy valioso de su vida." Me contestó: "Ay ya, qué amargado eres."

"La culpa no es del indio, es de quien lo hace compadre" dicen por ahí, y nunca lo he visto tan cierto como en este lugar. Que empezó siendo un gran lugar, un lugar donde hasta orgullo me daba decir que yo era parte, pero que ahora muchos de mis colegas actores profesionales han decidido no volver a poner un pie dentro debido a todo esto que cuento. Es triste porque repito, en un país donde los espacios artísticos deberían sobrar en lugar de faltar, me parece inaceptable que este lugar que había empezado tan bien y con tan buenas intenciones ahora se haya transformado en una puta barata. (Dicho sea de paso, para mí nada de malo tiene ser puta, siempre y cuando hagas tu trabajo con calidad, dignidad y convicción.)

Si Teatro en Corto ofreciera servicios de medicina, en sus primeras cuatro temporadas lo hubiera recomendado ampliamente para la cura de cualquier enfermedad. Ahora gritaría: "¡Huye de ahí porque ahí son matasanos!" Si ofrecieran servicios de arquitectura, gritaría: "¡Huye de ahí porque en el próximo temblor tu casa o edificio construido y diseñado por ellos se va a derrumbar!" Pero ofrecen servicios "artísticos", de entretenimiento. A lo cual grito: "¡Huyan porque les van a robar dinero, tiempo y lo peor, los van a engañar mostrándoles mierda diciendo que es arte!"

No dejo de estar agradecido con todo lo que ahí viví, pero no me puedo permitir (por lo menos no teniendo la conciencia tranquila) seguir ofreciendo mi ejercicio profesional como actor en un lugar así. Acabo de cumplir 20 años haciendo teatro. No son 60, pero tampoco son 2. 20 años. Lo mínimo que puedo hacer para honrar ese camino recorrido que tanto trabajo me ha costado es jamás permitirme ser parte de un lugar que se prostituye y engaña y tima al público.

Lo que le deseo a la gente de ese lugar (y a la que continúa laborando ahí), es conciencia y dignidad. Verdadera conciencia para darse cuenta que uno no puede seguir viviendo la vida engañando y robando a los demás y la suficiente dignidad para que entonces metan manos "a la obra" y hacer de Teatro en Corto un lugar que vuelva a merecer la pena de existir.

Por mi parte, seguiré buscando nuevos horizontes y nuevas aventuras. Pero hoy más que nunca decido ofrecer mi trabajo a quien lo respete, valore y trate como cualquier verdadero ser humano deba y merezca ser tratado. Con conciencia y dignidad.


miércoles, 14 de septiembre de 2016

Buen viaje, Nora.

"Desde hace como dos semanas he estado escuchando en las noches a mi vecina de arriba mover muebles, lavar platos y sus pasos recorriendo todo su departamento además de que ha estado prendiendo luces en la madrugada. No me molesta, simplemente me llamó la atención que fuera tan noctámbula como yo. Es una argentina muy chistosa que varias veces se ha confundido de piso y ha intentado entrar a mi departamento pensando que era el suyo. Varias veces abrí la puerta escuchando que alguien quería meter la llave y al descubrirla le decía: "Nora, vives arriba." El punto es que hoy al sacar a Lola a pasear, me encontré con la vecina del 10. Estábamos platicando sobre Lola cuando me dijo: "La perrita de Nora la argentina se llamaba igual, qué lástima que murió." A lo cual yo pregunté: ¿Cómo que murió la perrita? Y ella contestó: "No, la perrita no. Nora." Le dije que eso era imposible, que yo apenas hace un par de noches la había escuchado en la madrugada y me dijo: "Nora tiene un mes de haber fallecido y su departamento está totalmente vacío." Y sí, confirmé la información con nuestra casera. Nora tiene mes y medio de haber fallecido (aproximadamente) y el departamento está vacío. Y yo la escucho lavar platos, mover muebles y caminar casi todas las madrugadas."


Todo esto lo comenté en Facebook el día de ayer. La reacción general de mis amigos fue de miedo pero insistí en comentarles que más que miedo, me dio tristeza. La vecina del 10 (que por cierto, es de las mujeres más chismosas que he conocido en mi vida) me dijo cosas muy feas sobre la muerte de Nora. Me dijo que desde hacía meses se sentía muy enferma, que tenía mucho dolor pero que sobre todas las cosas tenía miedo. Miedo a morir. Se me anudó la garganta.

Los comentarios en mi Facebook siguieron y fue entonces que mi mejor amiga Bibita me dijo que probablemente se trataba de una profesora que le dio clases durante su maestría en una escuela de nombre "CENTRO". Después de indagar y encontrar una foto suya nos dimos cuenta que era la misma persona, solo que no era argentina, era uruguaya. (Para mí, el acento es idéntico. Aunque si algún argentino o uruguayo lee esto se va a emputar.)

La vecina del 10 insistía cuando platicamos: "¡¿Pero cómo no te diste cuenta si hicieron un ruidero los del SEMEFO cuando retiraron el cuerpo?!" ...y otros comentarios de muy mal gusto. "Yo no me entero de nada.", le dije, "solo me doy cuenta cuando le gritoneas a tu hijo que no ha hecho la tarea o que no se ha lavado los dientes o que no quiere comer; ¡Patricioooooo!". Por supuesto me gané una jeta. Pero conseguí que dejara de darme detalles inútiles sobre la muerte de Nora.

Después de estar comentando y escribiendo en el post de Facebook, apagué la computadora y cuando me disponía ir a dormir, la luz en la recámara de Nora se encendió. Juro que no me dio miedo. La verdad, sonreí. De alguna manera lo interpreté como que ella ya estaba bien, sin dolor, tranquila y que venía de visita. Tomé una veladora, salí de mi departamento y subí las escaleras para dejarle la veladora prendida a los pies de su puerta. Espero le haya gustado y espero me haya perdonado por no haber cortado el cable de mi línea telefónica que atravesaba su ventana porque los técnicos lo dejaron mal, o que haya perdonado todas esas noches de ensayo de Cántamesta hasta las dos de la mañana. Puede venir de visita cuando quiera, siempre y cuando no se me aparezca grisácea vestida entre túnicas grises y blancas con lágrimas de sangre y ojos rojos.

Buen viaje, Nora.