sábado, 12 de marzo de 2011

Hasta pronto, a una grande.

Recuerdo que llegué al Foro Felipe Villanueva. Miles de personas hacíamos fila para entrar. Después de un par de horas de espera, logramos adentrarnos poco a poco al venue y de inmediato percibí una sensación maravillosa. El escenario, que hasta el momento veía normalmente montado con instrumentos y atriles me daba esta vez un sentimiento distinto. Había magia ahí. No era yo el más enterado todavía en aquella banda. Había mucha gente con mucho mayor conocmiento de causa ahí, pero por lo mismo lo recuerdo tan vívidamente. Ya había ido a conciertos en vivo, pero éste me habría de marcar para toda la vida. La luz del cielo empezó a apagarse y consigo también las del foro. Empecé a ver como miembros del staff de producción invadían el escenario con ramos de flores blancas en las manos, y cómo después las empezaron a colocar cuidadosamente en cada uno de los atriles, llenando el espacio de cierta divinidad. Las máquinas de hielo seco fueron encendidas y el humo terminó por conseguir la atmósfera de un encanto. Ví entonces a Patricio tomando su lugar en la batería, a Poncho su hogar en el bajo, Juan Sebastián en el templo de su teclado y a Otaola en la guitarra. Pero faltaba ella. La gente en su euforia comenzó a gritar. Yo sentía dentro del pecho una emoción indescriptible, y fue entonces, con los primeros acordes estridentes de Mírrota que de la nada apareció la Reina de la Noche, aquella cuyo bajo hechizo iba a quedar atrapado toda la vida: Rita Guerrero.

Irónica y graciosa la vida, que me deja difícil el poder explicar cómo a este canta-autor mainstream pudo haberle influenciado de manera tan potente una música tan compleja y lejana a mis posibilidades. La respuesta es simple: Santa Sabina no sólo fue el grupo más emblemático de la escena contracultural musical en México en los años noventa, sino también, ha sido el grupo con más belleza y perfección en la ejecución artística que he visto en toda mi vida. Cada nota, precisa. Cada acorde, perfecto. Cada melodía, armónica. Y por encima de todo, una diosa al frente que no sólo cantaba; creaba luz por la boca.

Nunca he visto a alguien con tal capacidad de hipnotizar al público. Nunca. He visto gente gritar como loca desesperada en muchos conciertos, pero un verdadero e indiscutible boquiabierto pocas veces. Estilo. Sensualidad. Interpretación. Originalidad. Todo aquello y más era Santa Sabina. Todo aquello y Santa Sabina, era Rita Guerrero. Siempre quise que me conociera (por que yo sí la conocí), pero soy una de las miles de personas que fueron tocadas por su talento y eso me hace sentir orgulloso, honrrado y sumamente privilegiado.

Debo admitir que me dan un poco de lástima las nuevas generaciones. Difícil, imposible cosa aquella de vivir de nuevo el talento de alguien como Rita Guerrero. Hasta pronto, a una grande. Que descanse en paz.



1 comentario:

Katya M dijo...

Grande Rita Guerrero. La recordaremos siempre!