domingo, 12 de octubre de 2014

Zapatero a tus zapatos.


Yo sé yo sé. Es fácil criticar el desfile cuando se está sentado pero es que hay cosas que de plano ni cómo callarse. Acabo de regresar de ver el ensayo general (previo) de Los Locos Addams en el Teatro Insurgentes. La verdad es que en términos generales, la obra está muy bien montada. La producción es muy bonita (telares, escenografía, vestuario). Las ejecuciones escénicas del 90% del elenco son muy buenas tanto vocal como actoralmente. Este musical en sí no me pareció muy original que digamos. Si bien Los Addams son bastante peculiares, el musical basado en ellos tiene cosas muy comunes y ya vistas en otras puestas. La música es una mezcla de Sex and the City  con The Producers con tango agringado y las canciones solistas nada sorprendentes. Homero, líder de la familia, está escrito o estructurado muy a lo “Tevye” de Violinista en el Tejado. Con las mismas introspecciones y soliloquios cantados o hablados mientras todo lo demás se encuentra en freeze. El dilema de aceptar o no el amor que tiene Merlina (su hija) con su novio Tomás Beineken atentando contra la tradición familiar. Ya lo hemos visto antes. De cualquier modo, la pasé bien y la obra es bastante entretenida. Tropicalizada y bien adaptada a un público mexicano lejano al concepto de la Familia Addams. Concepto que es muy familiar en el humor gringo. Sin embargo, (aquí voy) me quedé una vez más muy molesto por volver a comprobar que en el teatro musical mexicano lo que más importa es la fama, no el talento. Por desgracia.

Que alguien me explique a quién fregados se le ocurrió castear a Jesús Ochoa como Homero Addams. QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE. Es uno de los miscasts más cabrones que he visto en mi vida. No solo su perfil físico no tiene NADA QUE VER con Homero Addams, sino que además (como casi siempre ocurre con los protagonistas de teatro musical mexicano) el señor no canta ni por equivocación. Jesús Ochoa sí interpreta a Homero, pero a Homero Simpson. Homero Addams es un señor de profunda clase, engomado, arreglado de pies a cabeza, DELGADO, seductor. Aquí vemos a Chuchito Ochoa; cagado, chistosito, feo, desaliñado (a pesar de llevar un vestuario muy bien hecho) y sobre todo desafinado hasta las chanclas. ¿Por qué contratar a un actor que NO CANTA para protagonizar un MUSICAL? ¿La respuesta? Por la fama.

Es innegable la impresionante trayectoria del Sr. Ochoa. Es innegable e indiscutible su talento como actor. Pero no es cantante. No es cantante no es cantante no es cantante. Joder. Ya estoy harto de escuchar comentarios del público diciendo cosas como: “fulanito no canta pero qué bárbaro, cómo actúa” o “sultanita no actúa tan chido, pero canta que te cagas”. Si estamos hablando de teatro musical, se debe contratar ejecutantes escénicos que sean capaces de al menos realizar las dos disciplinas, el canto y la actuación. (Y digo “al menos” porque la danza también debería venir incluida pero yo todavía perdono un poquito más eso.) Si el ejecutante escénico no cumple con alguna de las dos, entonces NO ES ADECUADO PARA HACER TEATRO MUSICAL. Por eso es que hacer teatro musical es lo más cabrón. Es más difícil (a mi parecer) que hacer cine, tele, radio o cualquier otra cosa porque es un género donde se conjugan las tres disciplinas al mismo tiempo, y pa’ acabarla de amolar, en vivo. (Sin coros grabados ni pistas, ¿me están leyendo “Vaselinos”?) Por lo tanto, la gente que conforma el elenco de cualquier obra de teatro musical tiene  que cantar y actuar al mismo nivel de bien. Nada de que “canto mejor de lo que actúo” o viceversa. Las dos al mismo nivel de bien. LAS DOS.

Si se contrata a alguien que actúa pero no canta o que canta pero no actúa para hacer teatro musical es equivalente a contratar un diseñador gráfico para hacer una cirugía abdominal o contratar a un futbolista para construir un cohete espacial. Lo que quiero decir con todo esto es ZAPATERO A TUS ZAPATOS. El que seas actor o que seas cantante no significa que puedas hacer teatro musical si no sabes cantar bien Y actuar bien Y al mismo tiempo. Como resultado de estos miscasts, el ejecutante escénico queda expuesto y vulnerable a este tipo de opiniones.

Hacer teatro musical es lo más cabrón, repito. Por eso no lo puede hacer cualquier persona. Por eso uno va a Broadway y se queda pendejo viendo a la gente en escena. Porque allá (sin caer en malinchismos) se tienen muy claros los requerimientos para hacerlo. Y me molesta muchísimo escuchar comentarios como: “Bueeeno, pero es Broadway. Eso es otra cosa”, porque aquí en México SÍ EXISTE TALENTO a la altura de Broadway o de cualquier otra parte del mundo. Lo que no se tiene es la cultura del talento. Se tiene la cultura de la fama (bien o no lograda), pero fama al final de cuentas.

Vayan a ver Los Locos Addams. Se van a divertir muchísimo. Susana Zabaleta, Gloria Aura, Luja Duhart, Gerardo González, Raquel Pankowsky, todos están muy pero muy bien. Excepto Jesús Ochoa. No porque sea mal actor, empero, sino porque NO ES CANTANTE y estamos hablando de un MUSICAL. Le deseo profundamente a la compañía de Locos Addams una exitosísima, bella y larga temporada. Hay mucho esfuerzo y trabajo de por medio y se ve claramente reflejado. Porque hacer teatro es de valientes, y hacer teatro musical, de locos. (De los buenos, obviamente.)