viernes, 23 de mayo de 2014

Crítica de Las Cuatro.


Dicen que en boca cerrada no entran moscas, pero bueno. Eso es algo que nunca he podido hacer. El pedo es que la gente se toma las cosas de manera muy personal cuando la mayoría de las ocasiones la cosa no va por ahí, pero en fin. El día de ayer fui con mis amigos a MicroTeatro. Ubicado en la calle de Roble no. 3, en plena colonia Santa María la Ribera, está la casa o espacio donde se desarrollan alrededor de 12 obras a la carta, con una duración de 15 minutos cada una. Representadas en espacios muy pequeños que van desde recámaras hasta baños. Los espectadores seleccionan el número de obras que quieren ver, el orden en el que quieren verlas y el horario. (Se dan funciones cada 15 minutos).

Por fin después de muchos meses pude ir a MicroTeatro. Tenía muchas ganas pero la verdad no había encontrado el tiempo para hacerlo. Fue una muy buena idea, y más, ir acompañado por grandes y entrañables amigos. Además, teníamos muy buen pretexto: uno de nuestros amigos participaba en una de las obras. Es todavía reciente el concepto de MicroTeatro en México. Hay quien equivocadamente considera que es un concepto mexicano, pero esto no es así. Es un concepto español. El MicroTeatro nació en la ciudad de Madrid, en un lugar que acostumbraba ser un burdel de nombre “La Casa de la Luz Roja”. Un curioso llamado Miguel Alcantud deambuló por este lugar y la idea nació en su cabeza; reunió un grupo de escritores y directores y les pidió contar historias cortas, poco comunes, que pudieran desarrollarse en espacios pequeños. Todos bajo una temática: por dinero. ¿Por qué? Pues porque aquel burdel ubicado en plena zona roja de la ciudad, era el lugar de sexoservicio más famoso de todo Madrid. En un intento de crítica social, “Por Dinero” se convirtió en la primer temática de MicroTeatro. (Tema que ya realizaron en México, por cierto). Posteriormente, el concepto de MicroTeatro llegó a otras ciudades españolas, cruzó el atlántico y llegó a Estados Unidos. Específicamente a Miami. Fue tiempo después que llegó a tierras mexicanas. (Qué digo mexicanas, ¡defeñas!)

Amo el concepto y amo que se haya traído a México. Me gusta tanto que quisiera algún día formar parte de alguna obra de MicroTeatro México. Sin embargo, como buen actor, terminando mi visita del día de ayer no pude evitar hacer una profunda reflexión sobre todo lo que vi y por ese motivo decidí escribir estas líneas para concretar mi crítica. Ojo, no soy crítico profesional, pero sé de lo que hablo cuando se trata de actuación. Créanme.

Vimos cuatro obras el día de ayer. La primera titulada: “Como si despedirse fuera sólo decir adiós” (sic), cuenta con una escenografía y ambientación muy pero muy buenos. La recámara de un departamento donde viven dos roomies, las camas ubicadas de manera vertical contra la pared. Un banco, una mesa y sobre ella, una computadora. Dos actores. Uno de ellos, mi amigo. (No voy a mencionar ningún nombre porque ya me ha pasado que la gente se googlea a sí misma, y se encuentran mencionados en La Silueta. Sí, así de inverosímil, pero me ha pasado.  De modo que para intentar no herir susceptibilidades, no voy a mencionar ningún nombre.) El trabajo de mi amigo es muy bueno. Siempre lo he admirado mucho como actor. Aunque entiendo que quizás el sesgo amistoso no me permita ser objetivo, así que omitiré una crítica para él. Total, lo que le tenía que decir respecto a su trabajo ya se lo dije. El otro actor, tendrá unos veintitantos. Verde, sin ritmo. Poca habilidad para realizar transiciones. Con un torpe manejo del espacio. Pero eso sí, con muchas ganas. Podía leer en sus ojos el amor hacia esta profesión, y eso para mí, siempre será lo más importante. Yo creo que algún día logrará ser buen actor, pero le falta técnica, entrenamiento y sobre todo, experiencia. El texto de la obra es muy malo. Una historia poco original y además muy mal contada (no por los actores si no por el autor). Menudo obstáculo para los dos intérpretes. Lucharon contra las dificultades del texto todo el tiempo para sacar sus personajes a flote. No recuerdo el nombre del escritor, pero dudo mucho de su experiencia como dramaturgo.

La segunda obra que vimos fue “Volverás”.  Al entrar a la recámara donde se desarrolla, encontramos la proyección de una especie de cortometraje protagonizado por Edith González y Alberto Estrella. No entendí ni un carajo sobre el corto. Ambos actuando en un tono melodramático telenovelesco de los ochenta, horrendo. Cuando terminó el corto (que por cierto, nos comentaron que lo hicieron específicamente para esta obra),  el proyector se apaga y comienza la historia. Dos actores, ambos en sus aparentes treintaytantos. Actuaciones cumplidoras, competentes, pero lejos de ser sorprendentes. Una buena historia, bien contada, te engancha. La ambientación muy buena, escenografía muy acorde con los personajes y la historia también. Algunos comentaron que la historia les pareció predecible pero a mí no me lo pareció tanto. Me gustó mucho. Sin embargo, sí me hizo falta mucha más profundidad en la interpretación de los actores. De cualquier modo como dije anteriormente: cumplieron. Salimos entusiasmados de esta segunda puesta.

Nos dirigimos a la tercera. Ésta de nombre “Sinfonía de un recuerdo en el ropero”. Jesús Cristo vencedor y redentor… la historia más ridícula que he conocido en mi vida. Ridícula, inverosímil, estúpida, sin sentido. Preocupante. En efecto, preocupante que una historia así ocupe un lugar en MicroTeatro México. Se supone que existe un comité seleccionador de las obras a representar cada temporada. Se hace una convocatoria abierta y cualquiera que tenga una historia que contar (y que cumpla con los lineamientos, temática, duración, entre otros), puede ingresarla a una especie de “concurso”. Éste comité decide cuáles serán las obras ganadoras y por consiguiente, las que se realizarán. Yo me pregunto, ¿estarían drogados los seleccionadores cuando decidieron ingresar esta obra a la temporada? ¿Les habrán pagado una gran cantidad de dinero? ¿Le habrán hecho el favorcito a algún amigo? ¿O de plano están muy pendejos? Es una pena, porque conozco gente talentosísima con la pluma, que ha intentado ingresar a MicroTeatro y ha sido rechazada. Y cuando veo este tipo de obras no puedo creer el por qué. Infame. En fin, retomando. Tres actores, dos hombres en sus veintes-treintas y una mujer que interpreta un hada madrina. Conozco el trabajo de ambos actores masculinos con anterioridad y son muy buenos. Uno de ellos lo hizo muy bien en la obra, pero el otro me sorprendió porque ya lo he visto antes en otros proyectos y siempre me ha gustado su trabajo. Aquí, fue bastante mediocre. Recursos melodramáticos muy básicos, superficiales. Un manejo torpe del cuerpo, dicción pobre. No sé, quizás fue simplemente una mala función para él. (A todos nos ha pasado y nos seguirá pasando.) Ella muy carismática y con buena voz, pero poca estadía escénica. Poco peso escénico. Problemas con el texto, parecía que se lo había aprendido apenas un día antes. Interpretando al personaje muy por encima, no sé. Casi podría decir que ella misma se daba cuenta de lo malo de la historia y le costaba trabajo encarnar el personaje. Me dejó la sensación de que como persona ha de ser encantadora, pero como actriz no sé, no me gustó mucho que digamos. La obra comienza en un tono de franca comedia y de la nada, en un parpadeo, se torna en un melodrama tipo "Lo que callamos las mujeres". (Y miren que ahí trabajo a menudo, pero por lo menos ahí, ni el género dramático ni el tono cambian.) ¿Les cae? La ambientación buena, pero la de las obras anteriores fue muy superior. Hecha como al chingadazo, con poca atención en los detalles. Salimos bastante disgustados. Fue ahí cuando la noche parecía tornarse larga y tediosa. Y emprendimos el camino hacia la cuarta y última que vimos.

“Milenka” es el título de esta última. Una chava muy amable nos repartió una especie de programas de mano o postales antes de entrar (cosa que en ninguna otra obra ocurrió). Después de repartirnos los programas, nos hizo una aclaración y dijo (parafraseando lo más fielmente posible): “La obra que están a punto de ver fue escrita por una niña de tan solo 17 años, y con esto debuta como una gran dramaturga. Esperemos que les guste.” Le agradecí la aclaración, pero no me pareció buena idea. Me pareció incorrecto y fuera de lugar porque entonces consciente o inconscientemente nos condicionó a reconocer el hecho de que la obra fue escrita por alguien de "tan solo" 17 años y por consiguiente, viéramos lo que viéramos, era de aplaudirse. Es decir, no me dejó libre el hecho de decidir si la obra me gustaría o no. Perdón, pero a los 17 ya no se es una niña, ya la “niña” alcanza el timbre. A esa edad, mucha gente ya logró grandes cosas. No es por quitarle mérito a la “niña”, pero creo que debemos mantener los pies en la tierra. Padrísimo el hecho de que ya tenga una micro-obra puesta en escena a su edad, pero eso no es sinónimo de ser una genio o una gran iluminada. Tampoco exageremos.

La ambientación de esta obra fue mi favorita. Excelentemente bien hecha. Un espacio muy pequeño, íntimo. En realidad una especie de baño. Un vestido negro colgando del techo, un espejo rectangular y un mueble con un par de cajones. El piso lleno de trozos de carbón. Una actriz, supongo andará en sus veintitantos. Quizás le pegue ya a los treinta. Cuenta la vida de una marioneta. Desde su concepción, su época de mayor apogeo y éxito hasta el olvido de su dueño del cual es víctima. Ya saben, la muñeca abandonada. Desterrada por el paso de los años. El lenguaje del texto fue bueno, pero la historia poco creativa. Ya nos la han contado antes, en múltiples versiones. (Desde Cri-cri hasta Toy Story  pasando por The Brave Little Toaster ). 

La actriz hizo algo que me molesta muchísimo, pero muchísimo en los actores. (Y me molesta muchísimo porque algún día yo lo hice, cuando apenas estaba aprendiendo actuación). Comienza a hablar en voz baja, tenue hasta terminar la línea y quedar en silencio. Hace una pausa dramática de un minuto o más (que en teatro es demasiado tiempo) y de la nada emite el siguiente texto pero casi a grito pelado viendo a algún espectador directamente a los ojos. De nuevo, silencio. Palabras pausadas y con poco volumen. Y de pronto otra vez el gritote y el azotón del mueble que pone contra la pared mientras se le queda viendo a otro espectador, de nuevo, directamente a los ojos. Eso, señoras y señores, es horrible. Es un recurso baratísimo, superficial y poco útil para hacer creer que la actuación está siendo muy intensa, profunda y buena. Como para que la gente salga diciendo: “¡Wow con la chava! Qué bárbara, qué buena actriz. ¡Qué fuerza!” NO SEÑORAS Y SEÑORES, NO. Eso es asqueroso. Cualquiera puede gritar, cualquiera puede mirarte a los ojos directamente y empezar a susurrar y volverte a gritar de la nada. CUAL-QUIE-RA. No se necesita ser actor para hacer ese tipo de cosas. La utilización de esos recursos tan horrendos debería estar legislada y penada, me cae. Cárcel a ése tipo de actores o actrices. Desdibujan por completo esta profesión. Carajo, qué coraje. (Mmm… “carajo” y “coraje” suenan chistoso usadas en la misma oración.) En fin, la actriz me cagó. Lo que sí le reconozco es que utiliza el espacio perfectamente bien. Es ágil consigo misma y con la utilería. Tiene dominio del espacio, pues. Sin embargo, ya que se trataba de una marioneta, ella debió de haber usado en algún momento la corporalidad adecuada con el personaje. Al menos una pista por aquí y allá. Todo el tiempo se movió como humana. Jamás como muñeca y mucho menos, como marioneta. La obra no me gustó. Digo, no estuvo tan mala como la tercera que vimos, pero no me gustó. Lo malo es que como era LA OBRA MAESTRA DE UNA NIÑA DE APENAS 17 AÑITOS, uno tuvo que aplaudir. Chale.

A pesar de que en gran medida, el contenido de mi crítica hacia las cuatro obras que vimos es bastante negativo (digo, negativo en el sentido constructivo), al final salí feliz de MicroTeatro México. Me quedé con ganas de ver todas las demás, porque estoy seguro que al menos unas cuatro en total son buenísimas y han de valer muchísimo la pena. Es más, hasta las malas valieron la pena. Porque me hicieron sentir algo o me hicieron recordar algo. Lo que me molesta, o lo que no me gusta o no sé. Pero salí modificado; diferente a como entré, y eso es lo más importante. Esa es parte de la gran magia del teatro. Salir modificado.

Hay gran espacio y área de oportunidad para el comité que organiza, administra y elabora MicroTeatro México. Por ejemplo: la mejora en la selección de las historias, creación de lineamientos que permitan una mejor experiencia teatral (como todo es una casa, los sonidos de otras obras y la gente que está afuera se cuelan por completo dentro de las funciones), mayor difusión y publicidad para que más gente conozca el concepto, entre otros. No obstante, recomiendo ampliamente la experiencia microteatral y pienso volverme un espectador asiduo. Por lo menos hasta que me permitan entrar a alguna puesta en escena y entonces formar parte del concepto pero desde adentro.

Sé que puede leerse paradójico, pero en verdad, vayan a MicroTeatro México. Vale la pena.

(Pueden encontrar más información en www.microteatro.mx)


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