martes, 8 de abril de 2014

Retorcerte cual gusano.


Ahora más que nunca me queda claro que el talento no se puede comprar. Ni con todo el dinero del mundo. Ni con las mejores palancas. Ni con la suerte. Se nace con él, y se trabaja. Se desarrolla y se pule. Se crece. Se vive y se comparte.

Aunque la mayor parte del tiempo se confunde, no es lo mismo ser artesano que ser artista. Hacer como que haces las cosas puede llegar a ser muy convincente, válido incluso. Pero hacerlas de verdad… no cualquiera. Puedes estar en el escenario y cantar apretando los ojos. Forzando cada músculo de tu cuerpo y retorcerte cual gusano con tal de que parezca que la emoción te abunda. Y aún así no conectas. Estás haciendo como que haces. Estas haciendo una artesanía. Y te pueden llegar a creer. Y hasta te aplauden. Pero tú sabes, muy dentro de ti, que es mentira. Al final, eres a ti a quien engañas.

O puedes cantar, sin moverte un solo centímetro. Parpadeando solo lo necesario y con las manos atrás. Y conectar. Y hacer sentir. Y crear. Y estar. Hacer. Hacer arte. Ser un artista.

Estamos acostumbrados a medirnos en logros y fracasos. Soy bueno en lo que hago si consigo el trabajo. Si me dan el papel. Si me escogen. Soy malo si no quedo. Si seleccionaron a otro. Si no me voltearon a ver. Pero eso no es cierto. Como tampoco es cierto que debamos comparar nuestra carrera con la del otro. El ofrecimiento de un contrato no te vuelve un artista verdadero. Ni eso, ni salir en la tele o tener un disco. Los halagos de tus amigos y familia son valiosos y reconfortantes, pero parciales. Poco objetivos. Que tengas los recursos materiales y sociales para conseguir hacer lo que se te dé la gana no significa que lo hagas bien y/o que tengas lo que se requiere para hacerlo.

Al final, lo que verdaderamente importa es trascender. Ver la fama como consecuencia, no como objetivo. Disfrutar el camino y aceptarlo con honor. Dignificar tu trabajo. Hacerlo con un profundo y humilde orgullo. Chin-gar-se, y también (¿por qué no?) gozar de sus beneficios y recompensas. Conseguir rebasar la línea de lo efímero; trascender.

Trascender, carajo. Pero ni siquiera saben lo que significa.



1 comentario:

Anónimo dijo...

CON LAS PURAS ENTRAÑAS... el cuerpo es distinto cuando es verdad. Y las sustancias que genera te sanan, te iluminan y te transforman a tí. Y a los que te ven. A mí me has transformado. En ese instante de eternidad, cuando te he visto en el escenario no veo a nadie más: ni siquiera te veo a tí. Veo a tu personaje. Eso incide... en el universo, para mejorarlo. Por eso trasciende. Pobres de los zombies, tan ensimismados que no están abiertos a la transformación. Puro narcisismo enjuiciador.