domingo, 6 de abril de 2014

FFX y las Reflexiones de un Gamer.

Admito que ya tiene un buen rato que no juego un RPG nuevo. No quiero sonar a abuelo, pero siento que ya no los hacen como antes. Ya he dicho muchas veces que mi juego favorito es Chrono Trigger. Sin embargo, en segundo lugar para mí esta Final Fantasy X (FFX). No todos los Finals me han gustado, aunque admito que no los he jugado todos. El VII  es buenísimo, pero la última vez que intenté jugarlo me pareció algo lento. Algunos de los Finals no me gustan porque los japoneses a veces se debrayan demasiado y sus historias son poco amigables para con el jugador. No obstante, el X tiene una de las mejores historias que he experimentado en mi vida.

Para los que no tienen idea de lo que estoy hablando (ya sea porque no son gamers o porque aunque lo sean, nunca lo han jugado) intentaré resumir la historia: Spira es un mundo donde habita el miedo, ya que un ser de proporciones titánicas llamado Sin, acecha constantemente a los seres humanos destruyendo sus pueblos, ciudades y matando todo ser vivo que encuentra a su paso cada vez que decide aparecer. Es tan grande y poderoso que la única manera de derrotarlo es a través de un Final Aeon  (algo así como un ser mágico, primordial, muy poderoso) que solo puede invocarse a través de ciertas personas llamadas (valga la redundancia) invocadores. Estos invocadores o summoners tienen que hacer una especie de peregrinaje alrededor de todos los templos existentes para despertar a los Aeons. El peregrinaje termina en el último templo, lugar del Final Aeon quien para ser despertado y eliminar a Sin, reclama la vida de su invocador.

Yuna es el nombre de la summoner  esta vez, y sus guardianes (que son los otros protagonistas de la historia) la acompañan durante todo este viaje para tratar de eliminar a Sin y brindar lo que los habitantes de Spira conocen como The Calm (sí, la calma). The Calm es un periodo de paz y tranquilidad libre de Sin, hasta que el monstruoso ser decide renacer. Se dice que Sin es eterno, y solamente desaparecerá por completo hasta que la humanidad haya encontrado una manera de vivir correctamente y fuera del pecado. Sin embargo, descubrimos a través de esta historia, que el peregrinaje es una falsa tradición. Que las enseñanzas de Yevon (la religión que se practica en Spira) son falsas también. Que sí existe una manera definitiva de derrotar a Sin y que los invocadores no deben morir en el proceso.

Me gusta porque encuentro grandes similitudes con la vida. Nos han enseñado a creer cosas porque sí, sin darnos razón del origen. Seguimos falsas tradiciones porque es lo socialmente correcto. Y aunque no estoy en contra de las tradiciones (por su carácter cultural), sí estoy en contra de la gente extra dogmática. Para poder derrotar a Sin, los personajes de Final Fantasy X no solo deben hacer uso de la fuerza y la inteligencia; deben desafiar los preceptos religiosos, morales y sociales que se les han impuesto. Son señalados como traidores. Son rechazados y excomulgados. Hasta que finalmente, tras derrotar al enemigo, la gente no solo celebra a los ahora héroes. Ahora también comienza un mundo nuevo, donde ya no hay lugar a las mentiras y a las falsas tradiciones y/o religiones.

Los personajes son entrañables y el diálogo sumamente emotivo. Te encariñas tanto con los personajes que te vuelves uno más de los guardianes de Yuna y emprendes el viaje con ellos. Entiendo que los RPGs no son juegos que a todos les gustan, pero a mí me fascinan. Quizás también porque soy actor. El drama dentro de estos juegos es fundamental. Cada personaje tiene un perfil no solo muy bien delineado, sino también perfectamente justificado. Y como músico también lo digo. Todo el score está a cargo de Nobuo Uematsu, quien es un tremendo pedazote de compositor. Tanto, que diversas orquestas alrededor del mundo han hecho tributos a sus composiciones más significativas. (Bueno y a Yasunori Mitsuda también, otro reverendo chingón). Cada vez que escucho rolas como “To Zanarkand ” o “Suteki Da Ne ”, me dan ganas de llorar.

En fin, soy muy fan de FFX. Tanto que me tatué en la pantorrilla el logo del juego. El significado que tiene el logo en la historia es muy simple: la “T” de Tidus (el protagonista) y la “J” de Jecht (su padre) unidas en un mismo diseño. Pero para mí, es el recordatorio de todo lo antes mencionado. El recordatorio de que quizás para lograr el objetivo haya que desafiar preceptos, estatutos y reglas sociales. Que soñar es bueno. Que los monstruos por gigantes que parezcan, se pueden vencer. Que la vida vale la pena. Que solo es una y que el camino, aunque tortuoso y complicado, es hermoso. Sobre todo, si hay con quien compartirlo.

Final Fantasy X

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