martes, 22 de marzo de 2011

Casting (o el fenómeno del Ninguneo).

La primera vez que hice un casting fue para un comercial de Maseca. Estoy hablando por ahí del 99. (Ya le llovió mijo) Recuerdo que lo hice en la castinera de Jorge Carrillo (actualmente ubicada en la calle de Palenque). Ése año hice un par más para Telmex pero nada muy serio. No tenía ni idea de lo que estaba haciendo, yo sólo seguía instrucciones. Logré un callback pero hasta ahí. Pasaron los años y fue hasta el 2002 que intenté retomar la idea. Hice un par con Tere Coria y en algún otro lugar de la Roma que la neta, ya no recuerdo. (Creo que ya ni existe.) Y lo mismo; uno que otro callback y hasta ahí. Debo admitir que no iba con mucha convicción. Iba a probar suerte de la manera más poco atendida posible. Hasta que al año siguiente, a través de una amiga pude conocer lo que en aquel entonces era "Bazooka Casting", dirigido por Carla Hool. Recuerdo que se encontraban en la calle de Emerson, en Polanco. Ahí fue donde conseguí mi primer comercial. Fue un spot para Televisa que hablaba sobre valores éticos. Logré un papel secundario y filmé con mucho entusiasmo. Nunca salió al aire, pero cobré un chequecito de 4 mil pesos. Nada mal para empezar. Ése mismo año hice un par de castings más en Bazooka, pero fueron pruebas mucho más interesantes porque eran para varios proyectos cinematográficos de largometraje. Puedo decir que me fue bastante bien aunque no conseguí el contrato en ninguno. Ése año logré también mi primer capítulo en Azteca. Era una serie unitaria llamada "Historias de Ellos". La serie duró dos meses y por motivos de baja audiencia fue sustituída por un programa de concursos. Mi capítulo nunca salió al aire.

Decidí retirarme un par de añitos más del medio para concluír mis estudios universitarios y fue hasta 2006 (ya graduado de la licenciatura) que decidí retomar. Lo hice con tal convicción y propósito que por fin me empezó a ir mejor y logré varios contratos. Me aprendí las direcciones y los nombres de las castineras y sus integrantes. Fui conociendo poco a poco el qué-hacer del casting con todos sus pormenores. Aprendí (muchas veces a la mala) que el hecho de que consigas ser seleccionado no sólo está determinado por el talento propio, sino también por un sin número de factores cuya mayoría está fuera de tus posibilidades controlar. Aprendí que el hecho de hacer casting involucra vulnerarte hasta el tuétano frente a una o veinte o más personas. Que si ahora tienes que bailar, rapear y llorar mientras sostienes una cuchara con la nariz, lo tienes que hacer y punto. Aprendí que las horas de espera son largas pero valen la pena si logras el contrato. Aprendí, aprendí, aprendí.

Pero hay algo que no aprendo todavía y no sé ni por dónde empezar. Eso que aún no aprendo, es a entender el porqué del mal trato a los miles de actores que, como yo, van en búsqueda de un trabajo de manera digna y respetable. Este mal trato, o "ninguneo" (como me gusta llamarle) va desde la asistente que te toma los datos, el chavo o la chava que te videa, el cliente del producto o marca, hasta los mismos compañeros actores que al igual que tú, esperan el turno a pasar. No lo entiendo, de veras todavía no aprendo a entenderlo. Yo no trato mal a nadie. Seré algo serio e introvertido al principio, pero siempre ofrezco una sonrisa y trato de propiciar un ambiente armónico de trabajo y sin embargo, admito haber sido ninguneado, víctima de la arrogancia de los demás. Pero eso sí, la cosa cambia si te has hecho de un nombre. Por que entonces sí, si ya eres alguien conocido, hasta alfombra roja te ponen. ¿Cómo por? El "famoso" también come y caga. Yo como y cago. La asistonta de la entrada come y caga, lo mismo que el que videa y lo mismo que el cliente. ¿Y luego? ¿En qué momento merezco el ninguneo?

Últimamente me he dado a la tarea (no siempre bien lograda) de ignorar. Pero no puedo evitar de vez en cuando la indignación (hoy por ejemplo). Por que sí, vengo a pedir trabajo. No limosna. Y sí, soy muy chingón en lo que hago. Pero no vengo a cuestionar el talento de los demás ni a alardear del mío. Vengo a dar una muestra de mi trabajo esperando sea el más adecuado para cada proyecto.

Me dan ganas de unir fuerzas a veces con los compañeros y dejar en claro que no somos objeto de burla ni menosprecio, pero como ya lo dije antes: en repetidas ocasiones los mismos compañeros fomentan ése círculo vicioso asqueroso al formar parte del ninguneo en el casting. Y es entonces que llego a una conclusión que me ha parecido muy coherente durante años:

Los ninguneadores (aquellos que te miran de arriba a abajo, que te desprecian con la mirada subestimando tu trabajo y tu entrenamiento, que juzgan a priori que no tienes lo que se necesita, que asumen un poder inexistente e intentan ejercerlo sobre ti, que falsamente se declaran mejores y más bonitos que tú, etc.) son dueños de una sola cosa; absoluta, perfecta e inmensa inseguridad.

Es por eso que yo, con toda la seguridad que me caracteriza, les dedico a los ninguneadores el dedo medio de mi mano derecha acompañado de estas hermosas palabras: CHINGUEN A SU PUTA MADRE.

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