miércoles, 28 de julio de 2010

Epifanía de las 4am.

No me ha sido fácil esto de ser actor/cantante. Odié la prepa por tener que estudiar materias como Calor y Electromagnetismo, Química Orgánica, Cálculo Diferencial. Ya quería que se acabara para poder entrenarme en lo que realmente me apasionaba (que eran las artes). Sin embargo mi padre fue muy claro: "Papelito habla Valdemar!". Con eso, él se refería a que antes de que yo emprendiera la locura de dedicarme al escenario o a la cámara, debía yo entregarle en propia mano un título profesional de alguna licenciatura o ingeniería socialmente aceptable.

Decidí estudiar Comunicación, y la verdad es que no me fue mal. Me gustó la carrera, hice grandes amigos pero escapaba de las clases y los proyectos para hacer obras de teatro y estudiar canto. Y así me la pasé cinco años. Estudiando dos carreras, una en el aula y otra en el escenario. Una vez graduado (y aquí estoy resumiendo mil y un peripecias) tomé la decisión de entregarme por completo a mis pasiones, la actuación y la música. Ni siquiera le entregué el título en propia mano a mi papá (por que no he llevado copia de mi CURP desde que me gradué y mi cédula sigue archivada en trámite). Me desperté un día sin ir a la escuela, después de casi veinte años de tener que ir. Me costó un huevo adaptarme a esta nueva vida de desempleado. Bien, quería ser actor y cantante pero, ¿cómo diablos se hace eso? Tenía la preparación pero, ¿y los contactos? No tenía ni idea. Poco a poco le he ido agarrando el rumbo a esto. Conociendo gente de vez en vez, haciendo uno que otro contacto, pero la verdad es que yo no soy de esos típicos actores que tienen trabajo por que su tío/primo/hermano/papá etc. conoce a no sé quién y es dueño de no sé dónde. Yo le entré a esto siendo absolutamente nadie. Uno más, de los miles que se forman todos los días en espera de que los volteen a ver.

Pero sin tirarme al drama (por que además no es mi intención), quiero exponer aquí la epifanía que me atrapó el otro día a las 4am en el coche regresando de un llamado a mi casa: en este camino que decidí recorrer (no sé aún si valiente o pendejamente), me he topado con todo tipo de malos momentos. Tráfico, estrés, compañeros divos y molestos, amigos falsos y gente envidiosa. Directores difíciles imposibles de complacer. Propuestas indecorosas, favoritismos, injusticias, mala vibra a todo lo que da. Habladurías, chismes, ogetadas. He sido ninguneado, minimizado e ignorado. Burlado, engañado, gritoneado en pleno escenario y hasta robado. Y aun así, me vale pito: soy actor y cantante, y lo voy a hacer hasta que me muera.

Así es, hasta que me muera. Por que cuando escucho al público aplaudir o cantar conmigo, cuando escucho el sonido de una cámara de cine frente a mi o el grito del director diciendo "acción", es que siento muy dentro de mi, que todo ha valido la pena.

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