domingo, 5 de julio de 2009

Somos Enormes.

Y una vez más termina un ciclo político en México que da pie a las molestas elecciones. Quizás no sean ellas lo más molesto, sino todo el periodo de campañas políticas previo a las votaciones. Con un pandemonium de mensajes por doquier. Televisión, Radio, Internet, Medios Impresos, etc., retacados de basura y bla bla blas. Con este post (nota), no pretendo agradar a nadie, como tampoco convencer a nadie. Abierto a ideas diferentes, ¡por supuesto! Pero sí sé que estoy casi resuelto.

En este periodo en particular, se sumó la ya conocida historia de la anulación del voto pero nunca (creo) con tanta fuerza. Un bombardeo igual de presente que incita a la "protesta" por la evidente inconformidad con la clase política mexicana. Antes era el abstencionismo, pero supongo algunos idealistas quisieron darle más forma y lo llevaron al siguiente nivel, que consiste en no sólo no votar, sino anular privada o públicamente este derecho ciudadano.

Digo, yo sé que llamarlo "derecho ciudadano" puede sonar más a utopía que a realidad, pero existe algo bien cierto en todo esto. En México ha existido una enorme dificultad (desde siempre) para la creación de instituciones. Es algo que no sólo ha costado palabras y desacuerdos, luchas y sacrificios; ha costado sangre. (Digo, hay les dejo de tarea doscientos años de historia como ejemplo.) La implementación de la democracia en una sociedad es algo que sí, debería quizás darse más fácil, pero las sociedades son complejas (y más la nuestra) por lo tanto no es un proceso que desde el día uno vaya a funcionar con todos sus dimes y diretes. Es innegable que vamos a paso de tortuga, pero ahí vamos. Tenemos mil peros y cosas en contra, pero la democracia es un fin al cual, si aspiramos, debemos (de-be-mos) mantenernos en la lucha por conseguir y siendo el voto una herramienta fundamental de ésta rama política, la anulación de éste dista muchísimo del ideal al cual se supone queremos llegar.

Creo que la anulación del voto no era la manera más inteligente de "exigir" un mejor gobierno. Es más bien una manera de decirle al gobierno que ya estoy tan hasta la madre de la clase política, que mejor ponga a quien sea en el lugar que se le dé la gana. Entonces me pregunto yo, ¿por qué no volvemos mejor a la dictadura y ya nos quitamos de pedos? Si no voy a ejercer mi "derecho" a elegir a quien quiero que me gobierne, pues entonces que lo estipulen y ya, yo calladito me jodo y se acabó.

México está lleno de energía negativa. Lo ha estado desde sus inicios. Inyectarle más mierda a la mierda no creo que solucione las cosas. A la gente que tanto se queja y se queja y se queja (me incluyo) le diría que la mejor protesta, es la propuesta. Si tanto estás hasta la madre y tienes tantas ganas de que las cosas sean diferentes, cámbialas güey. Qué vas a cambiar... no te hagas pendejo. Vas a seguir quejándote pero cruzadote de brazos esperando que algún redentor o mesías político venga a salvarte. O a ver, contéstame, ¿te ha interesado formular propuestas aunque sea de manera civil, y llevarlas a instituciones o al Congreso? Si eso te parece difícil, ¿sabes que puedes crear tú mismo tu propia asociación civil y adquirir prerrogativas que pueden y deben ser contestadas por el gobierno? ¿Has hecho alguna vez un pliego petitorio o similar en busca de soluciones a problemas que realmente te afectan? ¿Sabes si quiera que es un pliego petitorio?

Pienso que la anulación del voto debería convertirse en un derecho sí, pero un derecho EXCLUSIVO de los ciudadanos modelo. Aquellos que de verdad merecen un gobierno mejor. Aquellos que nunca han dado mordida. Aquellos que nunca han copiado en un examen. Aquellos que después de tocarles Bola Negra en la Cartilla Militar hayan decidido cambiarla a Bola Blanca para servirle a su comunidad de manera altruista y voluntaria. Aquellos que nunca se han pasado un alto, dado una vuelta prohibida o meterse en sentido contrario. Aquellos que ceden el paso al manejar y nunca han sobrepasado el límite de velocidad permitido. Los que al recibir su cuenta en un restaurante se quejan si no les han cobrado algo. Los que nunca hablan por celular en un banco, buscan siempre niños extraviados y donan sangre cada vez que pueden aunque nadie la necesite. Y sobre todo, aquellos que en un periodo pre-electoral conocen, se enteran, agotan y exhaustivan a profundidad cada propuesta política, cada partido y cada candidato a conciencia para saber que de plano ninguno fue de la conveniencia de su entorno social. A ellos, (que no conozco ninguno hasta la fecha) sí que les respetaría enterita la decisión de anular su voto, por que ellos sí merecen un mejor gobierno. (Y cagadamente, dudo mucho que esos ciudadanos modelo llegaran a anular el voto por que saben que hay maneras mucho más incisivas, pertinentes e inteligentes de alzar la voz y protestar.)

No digo con todo esto que los votantes no estén libres de culpa. Efectivamente, hay quien vota por acarreado, por despensa o por torta y Bonafina gratis. Pero aquellos que no somos acarreados, aquellos que identificamos de manera inmediata el populismo y que se supone tenemos ganas de algo mejor, debería entrarnos en la cabeza de una buena vez que si las cosas no cambian es por algo. No nada más por que "hay mucha corrupción", "todos los políticos son una mierda" o "el país está de la chingada". Si no por que tal vez nosotros mismos somos la causa por la cual la frase de "cada país tiene el gobierno que merece" no diste tanto de la realidad.

Nos sentimos minúsculos, diminutos. Incapaces de hacernos escuchar cuando en realidad pienso severamente que nos estamos subestimando. Nuestra voz, solita, puede alcanzar niveles inimaginables. Enormes. Por que somos enormes. Somos enormes chingá.

Pero claro, falta verlo así.

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