martes, 5 de mayo de 2009

Grandes Amigos.

No sé si es la nostalgia (o la edad como dirían las señoras cuarentonas) pero creo que últimamente menciono mucho mis años de estudiante. No es que ya no lo sea, en cuanto la cartera me lo permita seguiré tomando mis clases de cine, pero me refiero a Comunicación. (La carrera que estudié para que no me corrieran de mi casa mientras lograba convencer a mi familia que me dedicaría a las artes.) Mi primer día de clases como universitario fue un jueves. Mi primera clase sería Política Internacional. Materia que me presentaría las torres gemelas en plena destrucción y a quien sería una de mis mejores amigas de la escuela: Lucía Murguía.

Desde el primer momento que la ví me compró completito. Llegó con su coleta perfectamente engomada (qué eshpañol, coña tío). Un outfit sumamente formal y fresa. Maquillaje discreto pero perfectamente simétrico y combinado. Uñas pintadas como si fueran al óleo y eso sí, una estatura enorme ayudada de por sí de unas botas altas, muy altas. La ví y pensé que sería mamona, de esas niñas fresas que no merecen que las veas sin pedirles permiso, pero en cuanto se sentó al lado de Dante (el malafacha del salón) y éste le platicaba y tomaba su cuaderno rosita con flores y le pintaba monitos grotescos y vulgares y ella reía como si estuviera en una fiesta sin reparar en ningún otro de los presentes, me compró, completito.

Tiempo después nos haríamos muy buenos amigos, y nos pasábamos las preguntas de los exámenes. Yo distraería a la maestra mientras ella sacaba el cuaderno y lo pondría en sus piernas para después disimuladamente bostezar y mirar hacia abajo. (La maestra cuyo nombre recuerdo, Genoveva, no sería difícil de vencer. Medía literal un metro de estatura.) Lucy y yo llevábamos cada martes y jueves cosas "masacotudas chocolatosas" como ella las llamaba (pingüinos, choco-roles, brownies, etc.) para compartirlas durante clase. Supongo que hicimos química tan bien que terminamos metiendo todas las materias que pudimos juntos, y así fue hasta el final de nuestras carreras.

Una de las materias que llevamos fue Lenguaje Audiovisual, y como primer proyecto tuvimos que hacer un cortometraje silente. Hicimos algunos otros posteriormente pero ninguno como éste. Dotado totalmente de nuestra ingenuidad y torpe sentido del humor. Pero aquí está. Lo dejo aquí posteado en La Silueta para que lo vean y ojalá, lo vea ella también. Así te recuerdo siempre mi Gumer. Con tus caras en farsa, con tu risa y tu humor que me inspiran bailar. Sí, literalmente bailar.

El día que Valentina crezca y entre a la universidad, en su primer día de clases se topará con un chaparrito uni-ceja que le compartirá de sus choco-roles. Se volverán grandes, grandes amigos.


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