jueves, 7 de mayo de 2009

Musas a Domicilio.

A veces, cuando me han preguntado de dónde vienen o nacen las canciones, me he encontrado con una particular dificultad en contestar. No es que de plano no sepa, pero generalmente se piensa (y con justa razón) que las rolas vienen de vivencias, momentos o cosas que tuvimos con alguien. Cosas que le quisiéramos decir al o la peor es nada. Mensajes terrestres, cotidianos. De alguna manera todo eso tiene su parte cierta. Sin embargo, debo admitir que muchas canciones que he escrito me han salido de quién sabe dónde. Bueno, por lo menos eso es lo que yo contestaba a menudo. Hasta que desde hace poco tiempo, no sé si por decisión propia o no, me dí a la tarea de responder que en realidad son una especie de mensajes divinos.

Yo digo que el talento te lo prestan de allá arriba. Un orden divino te lo adjudica para realizar ciertas tareas y después volverse esa luz al todo que somos en el inicio. Mis amigos iluminatti podrán decirme que quizás no sea enteramente así y que me equivoco al no entender la totalidad del asunto espiritual. Sin embargo para mí es útil y lógico pensar que sólo soy un conducto por el cual de allá arriba me dictan ciertos mensajes, notas, versos y coros. Yo sólo los pego. Como si fueran un rompecabezas. Las canciones me las susurran las musas transparentes que viven al mismo tiempo y espacio que yo pero en otro plano. (Eso de referirme a "allá arriba" es para dar la idea. No lo digo de manera literal.)

Estas musas o voces divinas, que me dictan como si fuera secretario, muchas veces no encuentran momentos idóneos para mí. Me sorprenden en el coche cuando me peleo con los microbuses, o cuando estoy en el baño, o comiendo o discutiendo con mi mamá o en alguna reunión. El único remedio que me queda es tomar el celular deprisa y grabar lo que pueda cachar del susurro. La mayoría de las veces me funciona, para que en algún momento más tranquilo pueda escuchar el dictado y entonces trabajar en la idea. Pero también pasa que escucho puros "tu tu tuuus" o "la la laaas" que en el momento de grabar me parecían tan claros y magníficos y después de escucharlos más tarde no logro encontrarles sentido alguno, ni pies ni cabeza.

Me frustra que a veces creo que las musas divinas me abandonan. Me dejan solo y paso largo tiempo sin ideas nuevas. Me frustra por que si pienso en Ani Difranco (mi diosa, ídola, maestra e inspiración musical) y hago cuentas... chale. La señora saca mínimo dos discos inéditos al año. Yo me tardé en armar mi InSitu dos! Chiales chiaaales chiales. Quizás expiró mi suscripción a Musas a Domicilio y es tiempo de invertir en el espíritu de nuevo.

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