domingo, 3 de mayo de 2009

Las Cosas de Andrea.

Hay cosas que ni con la ausencia o la distancia se borran. Como tatuajes que hacemos para no olvidar. Momentos que de manera fotográfica decidimos guardar para mirar y mirar y volver a mirar. Haciéndole caso al 'recordar es vivir' es que recuerdo diario a Andrea. Mi grande y pequeña Andrea. Mi Laura lista Currello cachibache. Mi Artemisa pimpando momentos. Recuerdo sus cosas; los árboles mojándose en la lluvia con olor a café y tierra mojada. Asunción y el mar que la guardaba. Las risas, las canciones y las notas desafinadas. Su ritual para dormir. Las olas ficticias del mar aquejando mis ondas alfa. Su olor al recibir la mañana. La manera de enseñarme a ser más fuerte. De nunca conformarme con objetivos simples. Entender que tenía razón cuando el estado mental y el sufrimiento son una decisión. Sus pies en la arena y su cabello bailando con el viento al compás del encaje de las olas. Sus reseteos. La Condesa y el Parque México al cual le falta su olor. Las experiencias inesperadas y su sentido aventurero. Mi coche a 160 km/h y los federales que cayeron bajo su encanto. La silueta que dejaba en su silla frente a la computadora, y que permanecía aún cuando ya se había ido a dormir. Los relatos detallados de sexo. Su comfort y abrazo. Los bailes aborígenes alrededor de la mesa de la sala. El bulldog que convivía con mi cochina. El árbol de sus manos dándome frutos todos los días. Su compañía en mi cabeza. Su compañía en mi voz. Los relatos de su pueblo y el cielo lleno de estrellas. Nombrar el género de la música lésbica. Imaginar que un buen día sería su cuñado. Aprender que la honestidad es hermosa. Lograr apreciar aún más mi trabajo cuando me decía que era un chingón y no debía rebajarme nunca. Su manera de mirarme. Ponerle soundtrack a mi vida.

Sí... eso es quizás lo que más agradezco y guardo. Le pusiste soundtrack a mi vida. Con tu voz. Con tu risa. Con tus cosas. Tus cosas de Andrea.


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