viernes, 1 de mayo de 2009

La Gente es su Lenguaje.

Uno de los mejores maestros que tuve en la licenciatura fue Salvador Guerrero. Doctor en Teoría Política por parte de la Universidad de Essex y acreedor al Premio Nacional de Periodismo 1997 de manos del mismísimo Zedillo. (Mismísimo... como si me pareciera relevante el señor ex-presidente) Salvador me impartió dos materias, las cuales a pesar del complejo contenido al cual me mantuve poco interesado, disfruté profundamente. Su clase me parecía de verdad un privilegio sobre todo al darme cuenta (cada vez que Salvador abría la boca) de mi gran ignorancia. Salvador habría de darme un buen día, una frase que me acompañará toda la vida: La gente es su lenguaje.

Desde entonces vivo con esa idea, y aunque mi manía por la ortografía y las palabras bien dichas se incrementó, me ha enseñado que se aprende más escuchando hablar a los demás que viendo. Aunque muchos en su intento de conocerce los unos a los otros presten más atención a cosas como el lenguaje no verbal, pienso que el lenguaje verbal está severamente subestimado. Eres como hablas, para decirlo de manera más coloquial.

En esta disciplina quizás me he vuelto más quisquilloso. A menudo me sorprendo apretando los dientes o los puños (no por ser violento) cuando escucho ciertas frases o palabras que me parecen no terribles; abominables. Pero luego relajo y suelto a reír. Me parece graciosa mi intolerancia y supongo que he dicho cosas igualmente abominables. Cuando me he quejado, me han dicho "Ay Arturo, son modismos. Relájate." Pero si me relajo no es tan divertido. Aunque de primera instancia el sonido me parezca tan terrible como el de un gis chillando en el pizarrón, me río después del picky mamón que llevo dentro.

Expongo ejemplos de estas frases a continuación:

1. Cuando le mandas saludos a alguien y te constestan "Claro, de tu parte". ¿Pues de parte de quién va a ser? Obvio que de mi parte. Duh!
2. Cuando una mujer está embarazada y preguntan "¿Y para cuándo se alivia?" No sabía que tener un hijo era una enfermedad.
3. Cuando alguien se refiere a su pareja como "marido" o "esposa" sin estar realmente casados. "Fíjate que mi marido me dijo el otro día..." ¿Cuándo fue la boda que no me invitaste? Ogete!
4. Cuando las conversaciones se tornan teológicas si me dicen por ejemplo: "Mañana me voy de viaje, primero Dios" o "Primero Dios todo va a salir bien". Todavía el "Dios mediante" (para aquello de los religiosos) lo puedo soportar, pero ¿el primero Dios?
5. Cuando de manera anecdotaria me cuentan cosas como: "Y que agarra y que me dice..." ¿Qué agarró? ¿Valor o algún objeto en particular?
6. Cuando dicen "en base a lo establecido", "en base en lo que acordamos". Se dice "con base en". En base está mal, mal mal mal.
7. Cuando dicen "Status quo". Que no es "statuS" sino "statu". Aunque se lea y escuche raro chinga!
8. La jerga de la autoridad en cualquiera de sus formas. "Se va a proceder a..." "Lo que se procede es lo siguiente..." "Incurrió en faltas que acometió de manera directamente hacia su persona de él".
9. Cuando refiriéndose a una canción o composición musical digan: "Qué bonita está esa pieza" o "Ponle a tu tía la melodía de Alberto Vázquez que tanto le gusta". (De por sí Alberto Vázquez es una mentada de madre, ahora júntalo con "pieza" o "melodía").
10. Por último, los eufemismos pendejos (que no es lo mismo que los eufemismos), como "popó", "popitas", "hacer chis", "me toqué el pilín", "se me salió un pun" y/o "hicieron el chaca-chaca". Me dan tanta ansia que mejor utilizo difemismos. "Cagar", "Mear", "Me agarré el pito", "Me tiré un pedo" y "Cogimos, parchamos, aplastamos al gato, nos gratinamos el mollete o echamos pata". ¿No se escucha más bonito?

Por que nuestro lenguaje nos antecede, nos presenta, introduce y conecta con nuestro ser social, querámoslo y hagámoslo mejor persona. No invito a que nos volvamos literatos, sólo a dejar descansar un poco el Libro Vaquero que todos llevamos dentro.

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