lunes, 27 de abril de 2009

La Ciudad Escondida.

Hoy tuve cita con mi dentista. Me parece un tipazo de verdad. Gracias a él le perdí el miedo a la aguja de la anestesia y al chillante sonido de los taladros dentales. Cuando voy con él, procuro platicar. Su conversación siempre es interesante y su vibra cálida y buen pedo. Sin embargo, a pesar de que he tenido citas donde de verdad me ha dolido la boca, hoy me dolió de manera diferente. Las primeras palabras que me dijo al recibirme fueron: "Si tienes síntomas como tos, escurrimiento nasal, fiebre o dolor de cabeza no te puedo atender", en un lenguaje obstaculizado por el tapabocas que portaba. Le dije que no había bronca y procedimos. A los quince minutos comenzó a temblar (la tierra pues, no mi dentista). -No andes pataleando que no duele-, y de pronto repuso: -No estás pataleando ¿verdad?-. En seguida se levantó y comenzó a decir en voz alta por todo el consultorio -Está temblando... está temblando está temblando-, mientras caminaba como león enjaulado. Yo seguía acostado en el sillón con la boca abierta y el extractor limpiándome la saliva. Cuando a los pocos segundos dejó de temblar, continuó con su labor. La cita ya no tuvo más contratiempos pero me salí contrariado; no es que mi dentista le tenga miedo a los temblores. Es que mi dentista está enfermo, infectado con el virus del miedo de la Influenza.

Hablar de la Influenza parece ya inevitable. Intentar distraerse es una pérdida de tiempo. Puedes apagar la tele, pero basta con que salgas a la calle (o sólo asomarte por la ventana) y ver a la gente merodeando con su tapabocas. Odio la idea de ver a México etiquetado de manera mundial. Con ganas de decir métanse su Mexican Flu por el culo. Mexican mis huevos, esos sí son mexican. Bueno pero no voy a hablar de mis huevos. Odio ver el miedo en los ojos de los que salen a la calle. Su mirada parece estar esperando la inevitable infección.

Creo que la broma de la gente convirtiéndose en zombie no dista mucho de la realidad estos días. Salen a caminar cubiertos de un temor que aletarga y droga. No dudas que hay gente infectada en la calle, no con la Influenza, sino con el miedo de la Influenza (que me parece, es el virus más peligroso). Al principio, los letreros de cartulina fosforescente en las farmacias de "Ya no hay tapabocas, no pregunte" me parecían graciosos. Ahora están empezando a deprimirme. Estuve jugando Wii hace rato con mis cuates y en algún momento de la noche estornudé como tres veces (siempre estornudo, siempre) pero esta vez no pude evitar el ir de inmediato a lavarme las manos para que nadie se preocupara si los tocaba. No es que mis amigos sean particularmente paranoicos. Es que empezaba por momentos a dudar de su temor también.

En la mañana leí por Facebook que algunos amigos posteaban en su status: "¿Qué le dijo México a la Influenza? Mira cómo tiemblo!" haciendo obvia referencia al sismo de 5.7 que ocurrió a las once. Ahora que lo pienso bien, vaya que México tiembla.

La Ciudad está escondida, bajo un tapabocas enorme que silencia los gritos. Se oculta la ciudad bajo las sombras, intenta refugiarse en la opinión tercera y el desconcierto. Pero no encuentra comfort ni sosiego. Se esconde estos días. Y eso es triste. Sí, es triste.

No hay comentarios: